La llegada de febrero marca el inicio oficial de la temporada de costa en la región, y con ella, la renovación profunda de la moda playera.
Este año, la tendencia se aleja de lo convencional para abrazar diseños que combinan la funcionalidad deportiva con el lujo artesanal. Los trajes de baño ya no se limitan a ser prendas exclusivas para el agua; ahora funcionan como piezas centrales de conjuntos complejos que pueden transitar de la arena a un almuerzo sofisticado o a un evento al atardecer con solo añadir una falda midi o un pantalón fluido de lino.
Cortes asimétricos y el regreso de las texturas orgánicas
El dominio de este año pertenece indiscutiblemente a los cortes asimétricos y a la arquitectura textil aplicada al cuerpo. Los bañadores de un solo hombro y las aberturas estratégicas, conocidas como «cut-outs», definen una silueta moderna que favorece a diversos tipos de anatomías, centrando la atención en la cintura y las clavículas. Además, el uso de texturas como el «seersucker» o telas con relieve aporta una dimensión táctil que eleva la prenda a una categoría de diseño superior.

En cuanto a la paleta cromática, los tonos tierra, el terracota y los metalizados sutiles desplazan a los neones estridentes de temporadas pasadas, buscando una armonía más orgánica con el entorno natural del paisaje marino.
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La moda playera actual prioriza materiales de secado rápido con tecnología de protección UV incorporada, respondiendo a una consumidora que valora tanto la estética impecable como el cuidado preventivo de la salud. La versatilidad es el segundo pilar de esta temporada. Se observa un auge significativo en los diseños de talle alto que evocan la elegancia de los años cincuenta, pero con acabados tecnológicos contemporáneos que ofrecen mayor soporte y modelado. Estos modelos permiten una mayor comodidad y seguridad al realizar actividades acuáticas o deportes de playa sin sacrificar el estilo.
Al elegir el traje de baño ideal, se debe buscar aquel que potencie la figura natural y ofrezca durabilidad frente al salitre y el cloro. La tendencia invita a invertir en piezas de calidad que trasciendan la temporada efímera, convirtiéndose en básicos esenciales para cualquier escapada bajo el sol tropical.
En 2026, el lujo se define por la comodidad y la capacidad de la prenda para adaptarse al ritmo de vida de la mujer moderna, quien busca eficiencia y belleza en una misma pieza textil.