En un anuncio que endulza el mundo de la música, Celia Cruz ingresa al Salón de la Fama del Rock & Roll en la Clase 2026, en cuya lista también figuran los nombres de otros intérpretes como Phil Collins, Queen Latifah, Oasis, Sade, Billy Idol, Iron Maiden, Joy Division, MC Lyte, Rick Rubin y Wu-Tang Clan.
Los homenajeados póstumos son la guarachera de Cuba, Fela Kuti, Gram Parsons, Linda Creed, Arif Mardin, Jimmy Miller, Ed Sullivan y el cantante y productor musical Luther Vandross, fallecido en 2005.
Los músicos serán incorporados simbólicamente al Salón de la Fama, que en los últimos años se ha abierto a otros géneros musicales, como el pop, el rock, el blues, el R&B, el soul, el hip hop, el heavy metal, el punk, el jazz y el dance, en una ceremonia el 14 de noviembre. Para ser elegible, el primer lanzamiento de un artista debe haber sido hace al menos 25 años.
De La Habana para el mundo
Venezuela la recibió con los brazos abiertos. En 1948, con apenas 23 años, debutó el 20 de octubre en La Taberna del Majestic de Caracas junto a Las Mulatas de Fuego, y brilló como solista en Eslabones de Oro de Radio Cultura. Caracas se volvió su segundo hogar: grabó discos con Sonora Caracas y conquistó la pantalla venezolana con presentaciones que eran fiestas vivas, llenas de sabor y alegría en tiempos de incertidumbre política bajo Rómulo Betancourt. Su grito «¡Azúcar!» prendía auditorios, convirtiendo éxitos en himnos de rumba y esperanza.

En julio de 1960, con 34 años y el corazón partido, Celia Cruz dejó Cuba para siempre junto a La Sonora Matancera durante una gira en México. El triunfo de la Revolución la obligó a permanecer en la capital azteca un año entero, cantando sin parar en teatros y radio, donde su voz ya era fiebre. Pero México fue solo escala; el sueño americano y la nostalgia por su tierra la empujaron más allá.

Al año siguiente llega a Estados Unidos, donde contrae matrimonio con Pedro Knight, trompetista de la Sonora Matancera, quien por 41 años fue su roca, apoyo y representante. Luego de dejar La Sonora Matancera, en 1965, e iniciar su travesía musical como solista al cantar primero junto al percusionista Tito Puente, con el que grabó ocho álbumes.
Los jóvenes hispanos de Nueva York la descubrieron en 1973 en el Carnegie Hall, cuando integraba el elenco de la «salsópera» Hommy, de Larry Harlow.
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Posteriormente, participó con las Estrellas de Fania cantando su clásico «Bemba colorá» en el concierto grabado en vivo en el Yankee Stadium. En 1974, grabó con Johnny Pacheco el disco titulado Celia and Johnny, que con «Toro mata» y «Quimbara» se convirtió en un clásico de la salsa.

Tite Curet Alonso le regaló «La Vida es un Carnaval»; Johnny Pacheco y Fania All-Stars la elevaron. Duetos legendarios con Willie Colón «Usted Abusó», Ray Barretto «Nadie se Salva de la Rumba» e interpretaciones en vivo con Gloria Estefan, Marc Anthony y La India sellaron su legado.
Desde sus comienzos, siempre estuvo abierta a nuevas experiencias que la llevaron a abordar otros ritmos y a unirse a proyectos en principio arriesgados para una artista consagrada.
Sus pelucas coloridas, trajes con volantes y lentejuelas no eran moda: eran una explosión de cultura afrolatina, vitalidad pura que bailaba con su carisma. Fue pionera del pop latino del siglo XX y en la popularización de la salsa, género que reinventó en su legado musical, que contempla más de 80 álbumes y 800 canciones.

Con clásicos como ‘Quimbara’, ‘La vida es un carnaval’ y ‘La negra tiene tumbao’, Cruz, quien vendió más de 30 millones de discos en todo el mundo, se coronó como la reina de la salsa.
Sus pelucas coloridas, trajes con volantes y lentejuelas no eran moda: eran explosión de cultura afrolatina, vitalidad pura que bailaba con su carisma.
Premios que enaltecen su legado en la eternidad
Sus trofeos gritan grandeza: 3 Grammy (incluido póstumo por La Negra Tiene Tumbao), 4 Latin Grammy, una estrella en Hollywood, el doctorado honoris causa y el National Medal of Arts de Bill Clinton, la Medalla Nacional de las Artes de EE.UU. y el premio póstumo «Leyenda» de Billboard Mujeres Latinas en la Música 2025, entre otros reconocen su talento.
La intérprete falleció el 16 de julio de 2003 a los 77 años, acompañada en sus últimos momentos por su marido, el trompetista Pedro Knight, en su hogar de Nueva Jersey.