En momentos de crisis, cuando el estrés se eleva en el cuerpo y en la mente, la actividad física no es solo una herramienta para mantener el peso o la forma: es un recurso para calmar la ansiedad. Al hacer ejercicio, se liberan endorfinas que modulan la respuesta del cuerpo ante la tensión muscular, ayudando a que los niveles de cortisol y adrenalina disminuyan y se promueva una sensación de vitalidad y se reduzca la tensión muscular.
Ejercicios físicos que relajan y cómo hacerlos
En esta oportunidad te compartimos una rutina con dos ejercicios sencillos, que no requieren equipamiento especial, y pueden realizarse en casa o en espacios pequeños. Su objetivo es movilizar el cuerpo de forma consciente, liberar tensión acumulada y promover un estado de calma física y mental.
Relajación muscular progresiva (técnica de Jacobson)
Cómo hacerlo: busca una posición cómoda, sentado o tumbado. Cierra suavemente los ojos si es posible. Comienza prestando atención a la respiración, inhala lentamente por la nariz y exhala despacio por la boca.

Recorre el cuerpo: tensa y después relaja distintos grupos musculares. Por ejemplo: aprieta los puños con fuerza, mantén unos segundos y luego suelta completamente. Luego tensa los brazos (bíceps y tríceps), los hombros (elevándolos hacia las orejas), la cara, el abdomen y, finalmente, las piernas y pies.
Esta técnica ayuda a tomar conciencia del cuerpo, soltar carga física acumulada y disminuir el nivel de activación, reduciendo la tensión emocional y física.
Respiración profunda con contracción suave
En una posición cómoda, inhala profundamente mientras tensas suavemente un grupo muscular (por ejemplo, puños, brazos o abdomen), mantén el aire unos segundos y, al exhalar, suelta completamente la tensión.

La combinación de respiración consciente y tensión-relajación ayuda a reducir la ansiedad, mejorar la concentración y promover una sensación de calma inmediata, modulando la liberación de adrenalina y noradrenalina.
Ambos ejercicios se pueden realizar una vez al día de dos a tres días a la semana.
En un entorno donde el estrés y la ansiedad se intensifican, el movimiento consciente no es solo una práctica de salud, sino una forma de cuidado personal que fortalece la resiliencia y ayuda a navegar los desafíos con mayor claridad y equilibrio.