Existe una relación directa entre la organización de nuestra cocina y los hábitos alimenticios que desarrollamos. Cuando la despensa es un caos de productos vencidos, paquetes medio abiertos y alimentos escondidos detrás de otros, tendemos a recurrir a lo más fácil y visible, que pocas veces es lo más saludable. El de-cluttering en la cocina es, en esencia, una inversión en bienestar.
¿Cómo hacer un buen de-cluttering?
El primer paso para organizar la despensa con criterio es vaciarla completamente. Sí, todo afuera. Revisar fechas de caducidad, separar lo que ya no tiene lugar en tus hábitos actuales y limpiar los estantes. Este proceso puede ser revelador: muchas personas descubren que tienen triplicado lo que no usan y que les faltan los ingredientes que más necesitan.

La organización por categorías es el siguiente paso. Cereales y granos en un área, conservas en otra, frutos secos y semillas por separado, condimentos y aceites en un espacio accesible. El principio que guía una despensa saludable es la visibilidad: los alimentos más nutritivos deben estar a la altura de los ojos y al alcance inmediato. Los ultraprocesados, si decides conservarlos, pueden quedar en los estantes más altos o menos accesibles.
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Los recipientes transparentes y herméticos son aliados fundamentales. Permiten ver de un vistazo qué hay y cuánto queda, además de conservar mejor los alimentos a granel. El lino de las legumbres, la avena, los frutos secos y las semillas se mantiene mucho mejor fuera de sus empaques originales y en frascos bien cerrados. Como beneficio adicional, la cocina gana una estética mucho más ordenada y armoniosa.
Una despensa organizada también reduce el desperdicio alimentario y el gasto innecesario. Cuando sabemos qué tenemos, compramos con mayor intención y usamos lo que ya está disponible. Reorganizar la cocina esta primavera puede ser el inicio de una relación más consciente y saludable con la alimentación.