«Mi cabello son mis raíces expuestas, es parte de mi identidad. Cuando la gente me ve, encuentra una declaración muy fuerte de mi afrovenezolanidad», admite la actriz de teatro, María Alejandra Tellis, para quien el significado de aceptación de su cabello comenzó como un proceso no consciente.
Ocurrió que, mientras se formaba como intérprete en la compañía teatral del Rajatabla, fue descubriendo los recursos expresivos con los que contaba para su trabajo escénico, entre estos su cabello rizado. Y en ese momento de hallazgo consigo no desrizó más su pelo.
«Muchas mujeres no habían empezado el proceso de recibir su cabello natural; te hablo de mujeres afros de piel oscura y mujeres afros de piel blanca».
María Alejandra Tellis es una profesora de interpretación que basa su experiencia en la profundización del análisis de los personajes con el fin de lograr la empatía necesaria para representarlos con la mayor integridad. «Todo empieza y termina en el texto», especifica.

Del 16 de abril y hasta el día 19 del mismo mes, se presenta en la sala La Viga, del Centro Cultural Chacao, en la obra teatral «La isla», del dramaturgo español Juan Carlos Rubio. Allí comparte escenario con la actriz Valentina Montenegro. Ambas dirigidas por Shonny Romero.
Se trata de una pieza que desmenuza los sentimientos del amor, el dolor, la despedida y la relación con Dios. Todo ello en el marco de una sala de emergencia, donde atienden al hijo de las dos mujeres.
Igualmente, desde el mes de marzo y hasta el 19 de abril participa en la pieza «Me casé con un hombre», del autor Luis Carlos Boffill. Esto marca su debut en el teatro breve.
Puede verse en la sala 26 de los espacios de Urban Cuplé, en el CCCT, al lado del actor Neiron Medina. Los dos dirigidos por Luis Miguel Sánchez.
Recuerda que la práctica del alisado en su familia se daba tempranamente como en casi todas las familias que buscaban otra textura.
«Yo soy una mujer de la época que me formó. Y eso significa que mi salud también se vio expuesta a los 7 años cuando tuve mi primer desriz, que es la edad promedio que acostumbraban las venezolanas».
Aunque se experimentaba como una situación normal, a María Alejandra Tellis le hablaron en su familia de las razones para cambiar la forma de la cabellera.
La manera como se ve un afro en contraluz depende del tono de luz. Es necesario que el teatro lo tome en cuenta
«Te dicen que tienes un cabello malo, que hay que mejorar la raza y, claro, todo lo que pensábamos de aquella época hoy es cancelable porque, entre otras cosas, atenta contra la salud. No solo se trata de economizar, porque la mujer en general tiene que invertir mucha plata en el cuidado del cabello, y si es rizado mucho más».
Atravesada por ancestros holandeses y africanos, se sabe parte de un núcleo variado. «Mi abuelo paterno era un bachaco que llegó a Venezuela a principios del siglo 20, un hombre de piel negra, cabello rizado amarillo y ojos amarillos. Y mi bisabuelo materno era un holandés casado con una india de Curazao. Dime si todo esto no es un diálogo profundo de mis ancestros. Yo soy un diálogo de mamá y de papá. Soy un archivo genético donde se encuentra mi historia familiar».

Hija de un químico de Puerto La Cruz, especializado en perforación petrolera, y de una madre caraqueña, pionera en los estudios de electrónica en el país, María Alejandra Tellis se encaminó por el arte. Una decisión que reconoce fue influenciada por el amor a la lectura que heredó de su padre.
«Yo puedo tener el cabello como yo deseo, pero con las razones correctas para mí, que no atenten contra el autoestima o el orgullo de mis ancestros».
«Mi cabello es de mis personajes»
«Como actriz, mi cuerpo es un instrumento al servicio de los personajes, parte de ese instrumento es el cabello.
Se lo presto a mis personajes porque forma parte de la narrativa», confiesa en el tono reflexivo que ha mantenido a lo largo de la conversación.«Si quiero representar autoridad lo hago con mi cabello, y si quiero representar vulnerabilidad me ayudo con mi cabello».
El nivel de conciencia que tiene ahora no lo tuvo en el pasado. En aquellos años intentó asimilar el estándar publicitario y a desestimar la coexistencia de la variedad étnica. Hasta que, de nuevo, el teatro tuvo su magia.
No tengo problemas en presentarme con el cabello liso, rizado o rapado, porque todos mis orígenes se reconcilian en mí
«Fue un encuentro de amor conmigo misma y de aceptación como persona. Aprendí a amar mi piel desde el espacio más benigno, amar mis ojos, mis labios, todo lo que soy y represento y a verme con amor».
«Para mí no se trata de una lucha contra el sistema», despeja dudas sobre las razones de su postura. «Soy una actriz afortunada con relación al reconocimiento de mi gremio y también con los personajes y las historias que interpreto».
«Me gustaría, eso sí, que algunos directores me dejaran de ver como una actriz negra y empezaran a verme solo como una actriz más allá de la etnia».
Dice estar consciente de las necesidades técnicas que reclama el cabello afro en los escenarios. «El cabello afro tiene otra textura que puede formar sombras o verse distorsionada según la luz».

Y en tal sentido, rescata el nombre del venezolano Gerónimo Reyes como uno de los iluminadores que se ha preocupado por abordar de forma profesional el pelo afro y la piel negra sobre las tablas.
«Sé que la piel oscura absorbe, rebota y refleja la luz de forma distinta a la piel blanca. Muchos directores no están conscientes de eso». Pese a las grandes oportunidades que ha tenido, María Alejandra Tellis estima necesario ejecutar algunos cambios en los paradigmas de su propio medio.
Así lo analiza: «Yo no he llevado la vida que muchos directores plantean en la televisión o el cine».

«Lo que trato de decir es que en mi vida real nunca he tenido de novio a un mototaxista o a un camionetero. No hablo de forma despectiva. Lo digo porque yo me he preparado para representar no solo a una mujer pobre luchadora, personajes que honro; sin embargo, no es lo único que una actriz afro puede hacer».
María Alejandra Tellis se dirige a las actrices afros y a las mujeres que se sienten minoría étnica con limitantes impuestas.
«La identidad no es un muro. Es la puerta rotativa por donde entras y te muestras. No te puedes invisibilizar. La presencia en el medio es un grito. Pero ese grito tiene que estar acompañado con estudios, con lecturas, sabiendo que está en la competencia. Si te quedas atrás y por ignorancia te dejas encasillar, entonces eres tú el único responsable de haber sido discriminado».

Más allá de apariencias, esta actriz venezolana tiene claridad sobre su horizonte profesional y sus búsquedas actorales: «Mi compromiso es con la verdad del personaje y si mi personaje requiere una transformación por una verdad dramática o una verdad estética, yo estoy dispuesta a jugar el juego de la verdad».

Créditos:
María Alejandra Tellis @Maria.Tellis
Texto: Néstor Luis Llabanero @NestorLuisLlabanero
Fotografías y video: Jenifher Augello @ViralizaPink