El jazz perdió a uno de sus últimos gigantes: Sonny Rollins, el saxofonista estadounidense conocido como “El Coloso del Saxofón”, falleció a los 95 años en su casa de Woodstock, Nueva York, según confirmaron su equipo y representantes. Fue una de las figuras que definieron el sonido clásico de la era dorada del jazz y, al mismo tiempo, se atrevió a llevar esa música a terrenos más personales, más libres y más actuales.
Rollins se hizo famoso por su dominio del saxo tenor, su fraseo poderoso y su capacidad para convertir cada solo en una historia con principio, nudo y desenlace. Su disco Saxophone Colossus y su famoso práctica en el puente de Williamsburg se volvieron parte obligada del imaginario de los músicos que llegan a la escena improvisada. Para las nuevas generaciones, su sonido todavía resuenan en samples, listas de estudio y en esa aura de “clásico que se sigue escuchando como si fuera nuevo”.

Además de los riffs interminables, Rollins es recordado por su ética, su disciplina y su presencia en la escena, trabajando con figuras de la talla de Miles Davis y John Coltrane, y dejando un legado de más de seis décadas de música grabada. Su legado seguirá vivo cada vez que un joven escuche un solo de jazz, se inspire en un loop de saxo o simplemente se deje llevar por un tema de saxo que suena a clásico, pero a la vez a algo eterno.