La directora creativa de la maison Miuccia Prada transformó la pasarela en un bosque urbano, donde la moda se siente, se toca y celebra la imperfección durante la presentación de su nueva colección en París que evoca el minimalismo sensible, inspiración en la naturaleza y la celebración de la imperfección.

La colección está integrada por prendas, confesionadas en una gama de tonos suaves, lavados para tacto gentil; con marrones terrosos, verdes musgo, blancos lavados y negros intensos que conectan con el romanticismo poético sin vulnerabilidad.
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Además, las texturas refuerzan la sensación de tacto y cercanía: popelina de algodón suave, tul bordado, cachemira doble lavada, lino ligero y piel arrugada, que abrazan la silueta con calidez sensual, a través de siluetas ceñidas en vestidos, faldas tubo, camisas abotonadas y vestidos babydoll con lazos delicados conviven con capas ligeras y tejidos fluidos, creando un equilibrio entre romanticismo bohemio y espíritu urbano.

Uno de los detalles que llamó la atención fue la incorporación de los sombreros, guantes, tweeds; que reflejaban pureza simple en siluetas románticas pero fuertes.

No cabe duda de que la colección es un canto a la estética orgánica y la actitud messy, donde la ropa se vuelve experiencia, el cuerpo es protagonista y la naturaleza marca el ritmo.


