Valerie Brathwaite, artista plástica nacida en Trinidad y Tobago y radicada en Caracas desde 1969, falleció recientemente, según reportes de prensa. Su muerte cierra una trayectoria amplia y singular dentro del arte latinoamericano, marcada por la escultura, el dibujo y una relación muy orgánica con la naturaleza.
Una obra ligada a la forma
Brathwaite se formó en Europa, especialmente en Londres y París, y desarrolló una investigación artística centrada en la abstracción orgánica. Su trabajo se reconoció por formas sinuosas, volúmenes suaves y una sensibilidad que dialoga con la flora, la fauna y el paisaje caribeño.
A lo largo de más de cinco décadas, su producción transitó entre dibujos, grabados y esculturas, con especial atención al cuerpo, la naturaleza y la energía de las formas vivas. En Caracas encontró un entorno fértil para su obra y mantuvo vínculos con figuras clave del arte venezolano como Gego y Mercedes Pardo.
Su llegada a Venezuela
En 1969 se estableció en Caracas, ciudad donde consolidó buena parte de su carrera y obtuvo nacionalidad venezolana en 1989. Desde allí participó activamente en el circuito artístico local y expuso en espacios como el Museo de Bellas Artes y otras galerías e instituciones. Su presencia fue importante porque aportó una voz femenina y caribeña dentro de las búsquedas modernas y contemporáneas del país.
Rasgos de su lenguaje
Uno de los rasgos más reconocibles de su trabajo fue la búsqueda de una abstracción vinculada a lo natural, con piezas que sugieren movimiento, sensualidad y continuidad. En sus series más recientes, especialmente las “soft sculptures”, profundizó en materiales y formas que parecían respirar, expandirse o plegarse suavemente. Esa combinación entre delicadeza formal y fuerza expresiva convirtió su obra en una referencia dentro del arte contemporáneo regional.
Legado artístico
La obra de Brathwaite forma parte de colecciones e instituciones relevantes, y en años recientes recibió renovada atención en exposiciones que recorrieron su trayectoria desde los años setenta. Su legado queda asociado a una exploración persistente de la forma libre, el mundo natural y la posibilidad de construir una mirada profundamente personal. Con su fallecimiento, desaparece una figura fundamental de la escultura abstracta hecha desde el Caribe y proyectada hacia Venezuela y América Latina.