«El día que me cortaron el cabello no quise ir a trabajar. Estaba en negación. Era un fin de semana», recuerda la top model venezolana Yukency Sapucki Tovar, quien para entonces vivía y trabajaba en República Dominicana.
«El lunes inmediato me armé de valor y fui. Cuando voy por la calle caminando muchos turistas me hablaban en francés. Yo no entendía por qué lo hacían».
Al llegar a sus labores, una compañera se quedó sorprendida con la nueva imagen de Yukency. Y es esa compañera dominicana quien le informó de un rumor viralizado en la isla caribeña sobre la visita de una modelo francesa.
«Resulta que esa supuesta modelo francesa era yo. Me subió la autoestima», se ríe con la gracia de quien habita su cuerpo en estado de complacencia. «Esta negrita se creció. Entonces me maquillé, me puse unos lentes espectaculares y unos aretes inmensos. Esos accesorios me ayudaron con mi actitud positiva».

«Los gringos, que son parcos, se me acercaban para hacerse fotos conmigo», sigue rememorando. «Me decían que me parecía a la cantante Sinéad O´Connor. Todas esas palabras me ayudaron muchísimo con mi tristeza y contribuyeron a no sentirme fea».
Yukency Sapucki, nacida en Caracas el 20 de octubre de 1966, compitió por el estado Amazonas en el Miss Venezuela 1986. Se midió con muchachas como Bárbara Palacios, María Begoña Juaristi, Maite Delgado, Carolina Perpetuo, Catherine Fulop, Nancy Gallardo, Yoelis Sánchez y Raquel Lares.
La alopecia es una condición que no limita. Ser diferente está de moda y ese es el lema de nuestros desfiles
No todo fue felicidad
«No sabía que existía la alopecia areata», confiesa la venezolana, celebrada por su belleza morena y por su abundante cabellera negra y lisa. «Cuando a mí se me empiezan a ver unos círculos con formas de moneda, me pregunté qué pasa».
Relata que durante los picos altos de estrés aparecían en su cuero cabelludo varios de esos círculos. No conseguía respuestas.
«La alopecia areata es una enfermedad autoinmune que ataca el cuerpo de quien la padece, porque ve el cuerpo como un enemigo», sintetiza su entendimiento del tema. «El resultado es la pérdida parcial o total del pelo. A veces temporal y a veces definitiva».

Pero eso lo supo en el año 2012 por opinión de terceros. Fue su amiga, la recordada actriz venezolana Carolina López, quien tras documentarse le informaría por medio de una videollamada que lo suyo se trataba de esa condición médica.
«A muy pocas personas les pasa», estima. «En Dominicana fui a un dermatólogo y en efecto me diagnosticó alopecia».
Estalla su crisis de llanto
Una amiga dominicana y un amigo norteamericano le prometieron acompañar el inicio de su proceso de aceptación. Ambos se quitarían el pelo el día que Yukency lo decidiera. La venezolana lo tomó como una broma. No lo era.
Un día se dirigieron a la playa y su amiga dominicana dio inicio al ritual. Cortó la cola de su propio cabello en señal de apoyo y determinación. Luego, emplazó a Yukency a hacer lo mismo.Cruzaron la calle donde había una peluquería.
Yo decía que yo era como Sansón, que sin cabello perdía la fuerza, y resultó todo lo contrario. Descubrí nuevas fortalezas en mí
El estilista hizo el primer corte de pelo. Brotó en Yukency una crisis de llanto. Sus gritos fueron tan intestinales que conmovieron al resto de los clientes. La sala de belleza quedó vacía.
Algo calmada, el peluquero siguió manipulando las tijeras. Finalmente, la llevaron a mirarse en el espejo. Las pocas personas a su alrededor le dijeron que se veía hermosa. «En ese primer momento yo sentí que parecía una hormiga, insegura y fea. Me dio miedo salir de la peluquería».

Aferrada a la puerta para no enfrentar el juicio público, Yukency fue ayudada emocionalmente a abandonar el lugar. A su amiga le pidió que no se rapara su cabello, que bastaría solo con un corte simbólico para sentirse apoyada. Su amigo norteamericano hizo lo mismo.
Repetidas veces escuchó decir lo «bonita» que se veía. Y poco a poco, en medio de tanta tristeza, encontró sanación en la palabra manifestada con bondad. «Con ese apoyo, empezó mi proceso de aceptación», dice con la sonrisa alegre que se dibuja en los seres agradecidos.
Cuando Yukency Sapucki decidió rapar su melena, su familia en Venezuela desconocía el proceso de salud que enfrentaba. Había llegado a la isla del Caribe para trabajar como modelo, lo cual hizo durante una década.
A través de la telefonía celular, en Caracas observaron en su móvil una muñequita calva. Los parientes quedaron desconcertados con la imagen y preguntaron. Su hermano menor — Isaac—fue el primero en declarar su apoyo cortando su cabellera. «Cuando me dijo `Yo también te apoyo´, eso me derrumbó».
Fue el gesto de Isaac el impulso para retornar a Venezuela. Buscaba una segunda opinión médica. En Caracas fue tratada con esteroides inyectados directamente en su cabeza. Más de 90 pinchazos. Uno más doloroso que otro. Comenzó a engordar y a retener líquido.

Como consecuencia del suplicio, Yukency apostó por recobrar la autoestima. Desistió del tratamiento bajo una convicción personal que ahora despierta su humor: «¡Calva y gorda, no! Yo acepto ser calva, pero con cuerpito».
Inició, además, una rutina de ejercicios físicos para tonificar su apariencia y repotenciar el ánimo. Se sobrepuso a miradas inquisidoras y a comentarios desagradables. Buscó información en el país y enrumbó su destino.
«Nunca fui a un psicólogo»
Vivió su proceso de aceptación de manera personal. Esto lo desaconseja. La ayuda, según recomienda, debe acentuarse en profesionales de la conducta humana: «Yo nunca fui a un psicólogo. Me encerré», se cuestiona.
«Cuando se empieza a caer el cabello es muy traumático», narra su episodio. «Veía partes de mi cabello en la cama, en la nevera, en el piso. Todos los espacios estaban llenos de mi pelo. Un día se me acercó el dueño del gimnasio y me dijo que cuando levantó las alfombras encontró mucho cabello mío. En esos casos uno busca taparse. Pero eso es un error».

Sucedió también que evitó las visitas a las amistades. «Como los pisos de las casas dominicanas suelen ser blancos, no asistía a las invitaciones».
Fue un período de abstinencia social. Cuenta que cuando se bañaba en las piscinas dejaba el agua con su pelo que se desprendía. Y luego de surfear pasaba el cepillo por la cabellera que quedaba en sus manos. «Yo me quería morir. La dicha de un día de playa pasó a ser un tormento de vida».
Yukency admite que el pelo largo es una herramienta muy importante para las mujeres. «Para mí lo era todo. Pero ese todo quedó reducido a un pelo tan mínimo que podía recoger con solo uno de esos ganchitos negros que usamos las mujeres».
Qué descubrió en su nueva realidad
«Obviamente, no tener pelo te cambia la percepción que tienes de la belleza», opina.
Profesora de pasarela, concursante de belleza, modelo profesional, sabe que nació en un país donde, según su opinión, la belleza está estereotipada.
«En Venezuela se cree que solo hay una forma de ser bella. Eso no es cierto. Es verdad que el cabello es una herramienta que te da seguridad, pero yo aprendí a ver la calvicie como parte de una mujer que puede ser linda».

Esta reina de belleza tuvo un despertar espiritual que la ha llevado a caminos insospechados sobre la naturaleza humana.
«Supe que tenía otras herramientas para ser linda y que las mujeres no tenemos que ser todas iguales. Lo aprendí a golpes, pero lo acepté. El problema está en personas que tienen mi condición y que están encerradas entre cuatro paredes».
Acepta que quienes padecen alopecia areata se someten a palabras y comentarios hirientes que pueden causar arrinconamiento y no exponerse.
«Pero muchos en Venezuela tenemos un postgrado en cómo enfrentar el bullying y eso me parece perfecto. A muchos todo nos resbala, aunque otros no tienen la misma fortaleza. Entonces, en esos casos tienes que trabajar para hacerte fuerte y que no te importen los señalamientos ni el dedo acusador».
Crea Fundareata
Conociendo su vocación social, su familia la estimuló a crear en 2013 una fundación de ayuda para las personas con alopecia areata llamada Fundación Alopecia Areata de Venezuela (Fundareata).
La organización dirige su apoyo no solo a las mujeres, que conforman mayoría. Ha ampliado su acción a aquellos que viven con una condición que los hace diferentes.
Fundareata ha emprendido tres desfiles de moda en Caracas. Uno, en la Plaza Francia, en Altamira; otro, en la plaza Alfredo Sadel, en Las Mercedes, y un tercero en la plaza de la Juventud, en Bellas Artes.

En las tres actividades —Alopecia Fashion Show— han participado niños, adolescentes, mujeres y hombres. Desfilan personas con alopecia; otras con vitíligo; unos con síndrome de down, incluso con piernas de prótesis. Yukency siente haber recobrado un sentido superior de su vida.
«Si siendo adulta a mí me resultó difícil, yo no quería imaginar a una niña o adolescente pasar por esa transición. No es nada fácil», analiza esta ex nadadora y ex voleibolista. «Hay mujeres que tienen esta condición, pero se tapan con pelucas». Según Sapucki Tovar, la idea es perder la vergüenza y entenderse desde el amor como gente distinta.
«Yo tuve cabello y viví mucho de la vanidad en los concursos de belleza y el modelaje. Cuando salí públicamente con mi nueva imagen, fue una manera de decirle a la gente que no se escondiera. He buscado sensibilizar a las personas sobre esta condición y decir que no somos extraterrestres. Tu esencia es la misma. Debemos aprender a vivir con lo que tenemos y a aceptarnos de verdad, no solo de palabras».
La posible causa de la alopecia
Aunque de causa desconocida, Yukency Sapucki sospecha que el origen de su alopecia fue la depresión luego del rompimiento de una relación sentimental con su novio. Fue una ruptura que describe como «abrupta».
«Mi cuerpo no lo asimiló. Fue un choque emocional muy fuerte. Pasé más de un mes llorando y detonó la alopecia. Yo echo la película hacia atrás y no le encuentro otra explicación. Vivía sola, en otro país, me quedé en la calle. Me mudé a otra ciudad. Empecé de cero. Fue como si me pusieran a vivir en un planeta desconocido».
Hoy sus pensamientos sobre ella misma son más amables. Más positivos. No imagina si renacerá o no su cabello. Ahora trabaja en la aceptación de la vejez calva. «No lo he asimilado todavía. A las mujeres les diría que hay que aprender a vivir con lo que tenemos».

Evitar desencadenantes como el estrés resulta valioso para evitar enfermedades. Así lo considera Yukency. «El cuerpo siempre avisa. A mí me avisó. No supe entender mi cuerpo. Se me caía el cabello cada vez que me estresaba y así estuve durante un año. Lo veía como pasajero y resulta que esas señales eran realmente importantes».
Yukency Sapucki es una activista y vocera de la alopecia. Sigue ofreciendo charlas y encuentros en los colegios del país.
Su mensaje a las niñas es siempre uno: no esconderse. Dejar de utilizar pelucas porque te da vergüenza la alopecia. «Si tú decisión es lucirlas, hazlo. Solo si te hace sentir bien a ti, no a otros», sentencia. En su protocolo de cuidado personal incluye protector solar, hidratación de su cuero cabelludo, lentes de sol para atenuar los efectos ante la falta de pestañas y el uso de lágrimas artificiales para atender la resequedad que le produce la exposición al aire acondicionado.
Créditos:
Yukency Sapucki @YukencySapucki
Texto: Néstor Luis Llabanero @NestorLuisLlabanero
Foto con alas: @AlexPhotoVenezuela
Foto del pasado en traje de baño: Humberto Trejo @HTrejoFotos
Fotos con alopecia: Fotógrafo: Tirso González @TirsoGonzalez
Maquillaje: Jonnathan Duin @JonnathanDuin
Vestuario: Francisco Escobar @FranErnestoEscobar
Locación: República Dominicana