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La “antibiblioteca” de Valentino

Valentino presentó su colección  primavera-verano 2026, titulada Fireflies —“luciérnagas”—, durante la Semana de la Moda de París. Bajo la dirección creativa de Alessandro Michele, la propuesta convirtió la luz en una idea central: no como simple adorno, sino como símbolo de deseo, memoria y vida que persiste incluso en la oscuridad.
 
La inspiración proviene de una carta que el escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini escribió en 1941, en plena guerra, donde evocaba la luminiscencia de las luciérnagas como imagen del deseo y de la existencia que resiste frente a las tinieblas. Esa referencia explica el brillo, la delicadeza y el aire romántico que atraviesan toda la colección.
 
 
El brillo como lenguaje
 
Los tejidos luminosos son el corazón de la propuesta. La casa recurrió a diseños metalizados, bordados en hilo de oro, apliques dorados, cristales y tonos amarillos vibrantes para traducir visualmente la idea de las luciérnagas. La luz no aparece solo en los acabados: también se percibe en transparencias, satenes y superficies que capturan el movimiento.
 
 
Entre las piezas más destacadas se encuentra un vestido dorado drapeado con cuello blanco de plumas, que evoca el pasado romano y el universo glamouroso de Valentino. La prenda funciona como uno de los momentos más teatrales del desfile, sin abandonar la sofisticación característica de la maison.
 
 
Años setenta y elegancia contenida
Aunque Michele suele asociarse con el maximalismo, en Fireflies moderó el exceso. La colección recupera siluetas inspiradas en los años setenta: camisas de hombros marcados, lazos en los cuellos, fruncidos, faldas de terciopelo y estampados con espíritu retro.
 
Esa nostalgia no se presenta como una copia literal del pasado, sino como una relectura contemporánea. Las referencias setenteras conviven con prendas más cercanas al día a día, como pantalones de tweed, prendas de punto con cuello en V y chaquetas de piel sintética.
 
 
Del desfile a la alfombra roja
 
La colección tiene una vocación claramente festiva. Los vestidos satinados, los tacones con apliques y las camisas de mangas abullonadas con transparencias están pensados para momentos de aparición, celebración y miradas fijas.
 
 
Aun así, Valentino evita que la propuesta se vuelva exclusivamente de gala. La inclusión de piezas más funcionales y de accesorios con un toque lúdico —como clutches de porcelana con motivos de gatitos y una colaboración con Vans— equilibra la fantasía con una cierta utilidad cotidiana.
 
 
Una nueva etapa para la maison
Fireflies confirma el rumbo de Alessandro Michele en Valentino: revisitar el archivo y la historia de la casa sin congelarla en la nostalgia. El diseñador ha explicado que su trabajo consiste en “manipular el pasado para crearlo ahora”, una premisa visible en la forma en que la colección combina referencias históricas con una sensibilidad actual.
 
 
La propuesta también revela un contraste con su etapa anterior en Gucci. En lugar de la sobrecarga absoluta, Michele apuesta por una edición más contenida: conserva el romanticismo, el color y el detalle, pero con siluetas más limpias y una narrativa visual más precisa.
 
 
La colección demuestra que la maison puede honrar su pasado romántico y glamouroso mientras sigue explorando un lenguaje contemporáneo, luminoso y profundamente emocional.
 

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