Quienes hablamos de psicología tenemos una curiosa costumbre: dedicamos muchísimo espacio a hablar de lo que sale mal. Cómo afrontar una crisis, qué hacer después de una infidelidad, cómo manejar el distanciamiento emocional, cómo atravesar una separación, cómo apoyar a una pareja que está pasando por una depresión o qué hacer cuando el deseo sexual empieza a desaparecer. Tiene sentido, porque generalmente buscamos información cuando algo nos preocupa y necesitamos herramientas para resolverlo, pero de tanto estudiar aquello que hace sufrir a las parejas, hablamos bastante menos de aquello que hace que algunas disfruten profundamente estar juntas.
Y quizás valga la pena cambiar por un momento la pregunta. En lugar de pensar qué hace que una relación se deteriore, ¿qué hacen las parejas que están bien? ¿Cómo viven dos personas que se sienten emocional y eróticamente conectadas, que funcionan como equipo, construyen proyectos juntos y, después de años de relación, continúan satisfechas con la persona que eligieron?
Piensa en alguna pareja que conozcas y que te parezca sana. Tampoco hace falta imaginar una pareja perfecta, porque probablemente terminaríamos buscando una especie que todavía no ha sido documentada. Piensa simplemente en dos personas que tienen problemas, diferencias, días malos y manías que seguramente desesperan al otro, pero en quienes se percibe algo bastante claro: se gustan, se disfrutan y quieren seguir juntas. La relación forma parte de las cosas buenas de su vida.
Claves de un vínculo que funciona
Probablemente entre ellas exista admiración. Siguen siendo capaces de reconocer características valiosas en el otro y de expresarlas, sienten orgullo por algunas de sus cualidades y conservan la sensación de que la persona que tienen al lado es alguien interesante. Con los años conocemos demasiado bien los defectos de nuestra pareja, así que mantener la capacidad de mirar también aquello que nos gusta, nos conmueve o nos atrae tiene un enorme valor.

También son capaces de hablar de lo incómodo. Una relación satisfactoria requiere conversaciones difíciles porque compartir una vida inevitablemente genera desacuerdos, frustraciones y necesidades diferentes. La diferencia parece estar en poder hablar de ellas recordando que enfrente está alguien a quien queremos. Se puede expresar molestia, pedir cambios y poner límites mientras se conserva el respeto y se mantiene el foco en encontrar una solución.
Estas parejas también saben reparar. Se equivocan, dicen alguna barbaridad de vez en cuando, reaccionan peor de lo que hubieran querido y pueden tener discusiones memorables, pero después existe la capacidad de acercarse, reconocer la propia participación, pedir disculpas, hacer cambios y recuperar la conexión. Una buena relación depende mucho menos de evitar cada conflicto que de saber qué hacer después de él.
Y hay otro elemento que puede parecer demasiado sencillo para aparecer en un artículo de psicología: se divierten. La vida adulta tiene una extraordinaria capacidad para convertir una relación amorosa en una empresa de logística dedicada a pagar cuentas, hacer mercado, buscar niños, resolver problemas, recordar pendientes y decidir quién compra lo que falta en la nevera. Las parejas satisfechas también reservan espacio para los placeres de estar juntas: conversan, se ríen, salen, se tocan, tienen sexo, comparten intereses y conservan momentos cuya única utilidad es pasarlo bien.

Al mismo tiempo, ser equipo significa que dentro de ese “nosotros” siguen existiendo dos personas. Los proyectos individuales tienen espacio, se escuchan, se negocian y, siempre que sea posible, se apoyan. El crecimiento de uno puede convertirse en motivo de celebración para el otro, en lugar de vivirse como una amenaza para la relación.
El valor de la complicidad cotidiana
Y quizás exista una característica todavía más cotidiana que resume muchas de las anteriores: se caen bien. Además del amor hay amistad, curiosidad, complicidad, códigos compartidos, conversaciones absurdas, chistes que nadie más entendería y ganas de contarle al otro algo que ocurrió durante el día. Después de todo, resulta bastante agradable compartir la vida con alguien cuya compañía genuinamente disfrutas.
Una pareja sana atraviesa cansancio, estrés, desacuerdos, etapas sexuales mejores y peores, pérdidas y cambios personales. La satisfacción parece estar más relacionada con haber construido un vínculo en el que, a pesar de todo eso, ambos continúan encontrando suficientes razones para elegirse y disfrutar de esa elección.
Quizás por eso, además de preguntarnos qué está fallando en nuestra relación, convendría hacernos de vez en cuando una pregunta mucho más agradable: ¿cómo queremos que se sienta nuestra vida juntos?
Porque si eso es lo que queremos construir, también vale la pena aprender de aquello que sí funciona.
Atenea Anca en Redes Sociales: Instagram: @clinipareja | Web: www.clinipareja.com