El temblor y las réplicas que han seguido sacudiendo al país nos tienen a todos con el corazón en la boca. Es totalmente normal sentir que no podemos bajar la guardia. Sin embargo, cuando vivimos asustados todo el tiempo, el cuerpo pasa factura. Por eso, aprender técnicas para calmar la ansiedad no es un capricho; es la forma más rápida de decirle a nuestro cerebro que, en este instante, estamos a salvo.
Cuando la cabeza no para de dar vueltas, ponernos a pensar no siempre funciona. Lo más efectivo es empezar por el cuerpo: soltar los músculos, acomodar la postura y regular la respiración.
¿Por qué sientes que no puedes relajarte?
Cada vez que sientes que todo se mueve, tu cuerpo reacciona en un segundo. Es una respuesta natural de supervivencia: el corazón se acelera, la respiración se vuelve corta y los hombros se van hacia las orejas.
El problema es que, cuando las réplicas no paran, el cuerpo se queda pegado en ese modo de defensa. Entender que no te estás volviendo loco, sino que tu cuerpo solo intenta protegerte, ayuda muchísimo a quitarle peso al susto.

Cuidar de ti es el primer paso
1. La respiración que frena los latidos del corazón
La forma en que respiras es tu canal directo para apagar la alarma interna. Si cambias el ritmo de tu aire, tu corazón se calma en cuestión de un par de minutos.
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Toma aire: Inhala suavemente por la nariz contando mentalmente hasta 4.
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Aguanta: Mantén el aire adentro durante 7 segundos.
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Bota todo: Suelta el aire por la boca de espacio, como si soplaras una vela, durante 8 segundos.
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Repite: Haz este ciclo unas cuatro veces seguidas y vas a notar cómo baja la tensión.
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2. La regla del 5-4-3-2-1 para pisar tierra
Cuando nos da un mareo o creemos que volvió a temblar, la mente se nos va al peor escenario posible. La mejor manera de frenar ese espiral es reconectarte con lo que tienes al frente. Mira a tu alrededor y nombra en voz baja:
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5 cosas que puedas ver (un vaso, la ventana, tus zapatos).
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4 cosas que puedas tocar (el tejido de tu franela, la mesa).
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3 sonidos que escuches en el ambiente.
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2 olores que logres percibir.
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1 sabor en tu boca o dale un trago a un poco de agua.

Soltar los hombros de golpe libera toda la tensión que acumulas en el cuello durante el día
3. Aprieta y suelta para aflojar la espalda: El miedo acumulado se convierte en nudos en el cuello, mandíbula apretada y dolor de espalda. Una forma fácil de aflojar esa carga es tensar el cuerpo a propósito para después soltarlo con fuerza.
Sube los hombros lo más que puedas hacia las orejas y cierra los puños bien fuerte durante cinco segundos. Luego, exhala hondo y deja caer los brazos de golpe. Si repites esto tres veces, le das a tus músculos la señal clara de que ya pueden descansar.
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Un día a la vez y con paciencia
Superar momentos tan duros requiere tratarnos con mucha amabilidad. No podemos evitar que la tierra se mueva, pero sí podemos elegir cómo reaccionamos y cómo nos acompañamos en medio de la tormenta.
Poner en práctica estas técnicas para calmar la ansiedad te ayudará a procesar el estrés diario y a no agotar tu energía. Regálate unos minutos al día para respirar, soltar el cuerpo y recordar que estás haciendo lo mejor que puedes.