La convergencia entre la comodidad contemporánea y el rigor de la etiqueta formal ha dado lugar a una de las estéticas más interesantes de la moda actual. Sin embargo, dominar el arte de llevar tenis con looks formales requiere una atención meticulosa a los detalles para no comprometer el refinamiento. No se trata simplemente de sustituir el zapato de vestir, sino de reinterpretar el conjunto bajo una óptica de modernidad relajada.
La elección del calzado: el minimalismo como regla
No todos los tenis son aptos para la sastrería. La clave reside en la pureza del diseño. Se deben priorizar modelos de piel de grano fino, preferiblemente en blanco inmaculado, azul marino profundo o negro monocromático. Es fundamental que carezcan de logotipos ostentosos o detalles técnicos excesivos. La suela debe ser delgada y estar siempre impecablemente limpia, pues en la pulcritud reside la elegancia.
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El ajuste del pantalón: el equilibrio de las proporciones
Para que el conjunto armonice, el largo y el ancho del pantalón son críticos. Se recomienda un corte slim o recto que apenas roce la parte superior del calzado. Un pantalón demasiado largo que se amontone sobre los tenis destruirá la línea visual, restando pulcritud al estilo. El dobladillo invisible o un ligero corte cropped son los aliados perfectos para lucir este calzado con éxito.

El equilibrio cromático y los tejidos nobles
Mantener una paleta de colores cohesiva ayuda a que el calzado se perciba como una extensión natural del atuendo. Combinar unos tenis grises con un traje de franela o unos blancos con lino claro crea una continuidad visual sofisticada. Asimismo, es vital elevar el resto del look con camisas de seda o suéteres de cachemira para equilibrar la informalidad del calzado. El contraste debe ser sutil, nunca disruptivo.