Cuando terminamos una relación de pareja vivimos un proceso de duelo que, entre otras funciones, nos permite aprender sobre lo ocurrido en esa relación. Entre esos aprendizajes encontramos información muy útil de las cosas que no funcionan para nosotros y también de las cosas que nos encantaron. Esas cosas que nos gustaban generaban un efecto importante en nosotros: nos sentíamos bien. Sentirnos bien generaba un placer y satisfacción que asociamos a esa persona pero se nos olvida que eran las cualidades las que hacían la magia en nosotros. Además, a veces recordamos lo bonito porque era placentero y olvidamos la parte de la historia que nos hizo sentir mal. Puede que te gustara lo bien que te hacía sentir alguien, pero no era la persona sino una característica que debes ubicar.
No se confundan, nosotros no extrañamos lo que no conocemos, así que no estamos buscando la relación perfecta, pero ella sí conoce lo bien que resulta sentirse deseada. Y como Luisa, a lo mejor tú no extrañas a tu ex sino que extrañas sentir algo que en ese momento viviste: que te consientan, que te den un trato amable, que la relación sea pacífica, que haya aventura, que se rían mucho, que compartan muchos temas de conversación, que haya fogosidad, etc.