Gustavo Dudamel, quien asumirá en otoño como director musical y artístico de la Filarmónica de Nueva York, ha puesto en evidencia el rumbo que quiere darle a la orquesta con una serie de conciertos donde la salsa ocupa el centro del escenario. En el David Geffen Hall del Lincoln Center y, más tarde, en el United Palace Theater de Washington Heights, Dudamel reunió a los músicos de la Filarmónica con la Spanish Harlem Orchestra, creando un programa inusual: el clásico se funde con ritmos urbanos y latinos, dejando salir a la luz otra dimensión del repertorio neoyorquino.
La idea no era solo un guiño folclórico. El programa incluyó piezas como “La música latina” de Carlos Cascante y “El cumbanchero” de Rafael Hernández Marín, en los que los músicos de la Filarmónica —acostumbrados a partituras estrictas y silencio de sala— se vieron inmersos en ritmos sincopados, percusión al frente y público que aplaudía al compás. Al final de “El cumbanchero”, los músicos corearon “¡Cumbanchero!”, un gesto poco habitual en el Geffen Hall, que se repitió con entusiasmo en el United Palace, donde el público de Washington Heights hizo de esa noche un espectáculo de calle y teatro a la vez.

La presencia de la Spanish Harlem Orchestra, con Oscar Hernández al piano, y el cruce de mundos entre una orquesta de 184 años de historia y una agrupación de salsa de 25 años expuso ambos lados a nuevos retos. Los violinistas sintieron la necesidad de confiar más en el cuerpo y el oído que en la partitura, mientras los salseros tuvieron que adaptarse a la energía y el rigor simfónico. “Es muy rápida, hay mucha síncopa… tienes que sentir los ritmos más que contarlos”, admite Barret Ham, clarinetista de la Filarmónica, destacando que estos conciertos marcan el tipo de músico y de proyecto que Dudamel parece apostar: audaz, latino y profundamente interdisciplinario.

La gira culminó con casi todas las entradas agotadas en el United Palace, un recinto más grande y más cercano a la comunidad del norte de Manhattan. Dos tercios del público nunca habían asistido antes a un concierto de la Filarmónica; muchos de ellos llegaban a una experiencia de alta orquesta a través de la salsa, con invitados como Rubén Blades y el propio padre de Dudamel, Óscar Dudamel, trombonista de salsa. La imagen de timbales, bongós y congas ubicados donde normalmente se sientan las cuerdas habla de una reconfiguración casi simbólica: el clásico se abre paso por el corazón latino de la Gran Manzana, con Gustavo Dudamel como conductor de un puente musical que ya se presenta como nueva normalidad.
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Esta es la primera vez que la filarmónica se presenta en el emblemático United Palace Theater. En el Geffen Hall, 84 miembros de la filarmónica actuaron con 13 integrantes de la Spanish Harlem Orchestra. Sin embargo, el United Palace es más pequeño. En el concierto final solo participaron 53 músicos de la filarmónica.