Muchas personas permanecen en relaciones donde el deseo, la ilusión o el proyecto de vida ya no existen. Se justifican con frases como “él/ella es una buena persona” o “no voy a encontrar a nadie tan bueno como él/ella”. Esta es la trampa de la buena persona: el miedo a fallarle a alguien tan noble nos obliga a quedarnos por un sentido distorsionado del deber.
Queremos ser tan «buenos» como ellos, pero permitimos que la cobardía decida por nosotros. Como si la bondad fuese un recurso escaso y no existieran miles de personas amables, responsables y cariñosas en el mundo que además podrían resultarnos atractivas. Al quedarte, no solo te limitas a ti y te niegas la posibilidad de experimentar un vínculo más pleno, sino que le haces un daño real a tu pareja. Le robas la oportunidad de ser amada por alguien que sí esté allí con ganas, deseo y amor auténtico, mientras tú solo ofreces gratitud.
Para elegir pareja, necesitas algo más que admirar cualidades nobles: necesitas tres clics vitales.
El primero es el clic mental: poder tener conversaciones interesantes y fluidas, compartir visiones del mundo y proyectos de vida que nos hagan sentir que hay una construcción posible en conjunto. Sin este clic, la convivencia se vuelve plana, como un diálogo en piloto automático.
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El segundo es el clic emocional: la capacidad de mostrarnos vulnerables, de confiar en que el otro sabrá cuidar lo que sentimos. Es hablar de emociones, incluso de las difíciles, y sentir apoyo, comprensión y seguridad en el vínculo.

El tercero es el clic erótico: el deseo, la chispa, la atracción física y química que enciende la intimidad. No se trata solo de sexo, sino de esa energía que nos conecta en el cuerpo y nos recuerda que somos pareja, no solo amigos.
Si solo tienes uno de estos clics, la relación queda coja. Si solo hay dos, tarde o temprano se resentirá. No hace falta que cada clic sea perfecto, pero sí que estén los tres. No te conformes. La verdadera plenitud en pareja llega cuando la mente, el corazón y el cuerpo dicen “sí” al mismo tiempo. Romper una relación por honestidad es un acto de amor, no de maldad. Y si tienes dudas, la terapia siempre te ayudará a entenderte mejor.
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