Te ha ocurrido que ves un vídeo en las redes sociales y te quedas inmerso en el universo digital en un ritmo frenético de seguir navegando un contenido tras otro. Las redes sociales se han convertido en un medio de entretenimiento, pero estudios revelan que el consumo excesivo de videos cortos, uno de los formatos más favorecidos por estas plataformas para la difusión de contenidos, puede afectar el bienestar cognitivo en jóvenes y adultos.
Así lo revela un estudio publicado en Neuropsychologia en el que los investigadores analizaron a 319 participantes y distinguieron dos formas de uso: activo y pasivo.
Durante el estudio las personas fueron sometidas a la prueba Red de Atención (Attention Network Test, ANT), que mide tres componentes: la alerta, relacionada con la capacidad de reaccionar ante estímulos inesperados; la orientación, que permite dirigir la atención hacia una señal concreta; y el control ejecutivo, implicado en la resolución de conflictos entre estímulos que compiten.
El resultado arrojo que aquellos que usaban las plataformas de forma muy activa mostraron un rendimiento deficiente en la alerta, reaccionando más lentamente ante señales imprevistas. En cambio, no se observaron diferencias significativas en orientación ni en control ejecutivo.

Por otro lado, un segundo estudio determinó que una mayor conectividad entre la corteza prefrontal ventral derecha (que evalúa estímulos relevantes) y la corteza cingulada posterior derecha (un nodo clave de la red en modo por defecto). Esta conexión parece estar vinculada con la disminución de la capacidad de alerta observada.
En concreto los investigadores, que este hábito podría estar modificando, de manera sutil, la forma en que el cerebro gestiona la atención, incluso cuando no estamos frente a la pantalla.
En ese sentido un metaanálisis publicado en la revista de la American Psychological Association (APA), revela que el consumo intensivo de estos contenidos afecta las funciones ejecutivas, como la atención y la capacidad de inhibir impulsos. También se relaciona con un peor bienestar emocional, incrementando los niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos.
En el estadio donde se analizaron los datos de 98.299 participantes en 71 investigaciones, muestra que estos efectos son consistentes tanto en jóvenes como en adultos.
Limitar el uso de redes sociales mejora tu bienestar mental, productividad y relaciones personales, liberándote de la adicción al scroll infinito que roba horas valiosas cada día. Aunque las plataformas están diseñadas para captar tu atención, con estrategias simples y consistentes puedes recuperar el control sin eliminarlas por completo, logrando un equilibrio que potencie tu vida real.
Establece «zonas libres»: sin teléfono en comidas, cama o primeras 2 horas del día; usa un reloj simple o temporizador de cocina para rituales offline. Sustituye el hábito con alternativas: lee 10 min por cada pausa de scroll, camina o medita.