Viajar desde la espiritualidad conecta con el alma del lugar. No es solo ver el espacio, es sentir cada lugar donde la devoción convive con la arquitectura, las tradiciones populares cobran vida y trascienden selfies. En esta oportunidad emprendemos una travesía por seis destino colmados de fe.
Monumento Manto de María Divina Pastora

Sobre el cerro de La Carucieña en Barquisimeto, Esatoa Lara, se alza el Monumento Manto de María Divina Pastora, una obra colosal de 63 metros que rinde homenaje a la Virgen con el niño en brazos, tocada de sombrero y con un cayado o bastón de pastor.
Inaugurado en 2016 durante la 160ª visita de la Divina Pastora, este monumento mariano no solo ostenta el título de la escultura religiosa más alta de Venezuela, sino que sorprende por su diseño cinético único.

Los turistas pueden recorrer mirador panorámico, desde donde se contemplan las vistas espectaculares de Barquisimeto, los Andes larenses y hasta Yaracuy en días claros. Visible desde la entrada de la ciudad, se ha convertido en ícono urbano.
Monumento a la Virgen de la Paz

En lo alto de la montaña, sobre la Peña de la Virgen, se levanta la monumental Virgen de la Paz, en elstado Trujillo, una escultura de varios pisos que domina el paisaje andino trujillano. Considerada una de las imágenes marianas más altas de la región, se ha convertido en ícono del estado y punto de peregrinación para quienes buscan agradecer favores o simplemente encontrar momentos de silencio y contemplación. Las curvas de montaña que conducen al monumento ya forman parte del atractivo del viaje.

Además de su significado religioso, la visita tiene un marcado carácter turístico: desde sus miradores se disfrutan vistas panorámicas de los Andes venezolanos, valles verdes y pueblos cercanos. El lugar cuenta con áreas para recorrer, pequeñas ventas de recuerdos, artesanías y comidas típicas andinas, lo que lo convierte en una parada perfecta para combinar fe, fotografía y contacto con la naturaleza.
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El paseo de La Chinita

En Maracaibo estado Zuia, la devoción a la Virgen de Chiquinquirá, cariñosamente llamada La Chinita, marca el calendario espiritual y festivo de la ciudad. El “paso” o recorrido de su tablita por el Lago de Maracaibo, y su posterior llegada a la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, son momentos cumbre de las festividades de noviembre. La ciudad se llena de gaitas, colores y fe popular que se vive en la calle.

Desde el punto de vista turístico, asistir a las fiestas de La Chinita permite experimentar el Zulia en su máxima expresión: procesiones, misas, conciertos y gastronomía típica marabina. Fuera de la temporada de fiestas, la basílica y sus alrededores siguen siendo visita obligada para apreciar su arquitectura, contemplar la imagen de la Virgen y recorrer el casco central marabino.
Santuario de Betania

En medio de una zona rural entre las localidades de Cúa y San Casimiro, en el estado Miranda, rodeada de vegetación se encuentra el Santuario de Betania, reconocido por los testimonios de apariciones marianas reportados en la década de los años 70 y 80. El ambiente es de retiro y recogimiento: río cercano, árboles frondosos y un clima que invita al silencio y la oración. Es un lugar muy visitado por grupos de peregrinos que llegan a agradecer, pedir sanación o pasar jornadas de reflexión.
Para el turista espiritual, Betania ofrece una experiencia distinta: más íntima, centrada en la naturaleza y el contacto personal con la fe. Muchos visitantes aprovechan para pasar el día en familia, participar en la misa, caminar por los senderos y disfrutar del entorno campestre. Es ideal para quienes buscan una escapada cercana a Caracas con énfasis en tranquilidad y espiritualidad.
Basílica de Santa Teresa – Nazareno de San Pablo

En el corazón de Caracas, la Basílica de Santa Teresa se convierte cada Semana Santa en epicentro de una de las devociones más fervorosas del país: el Nazareno de San Pablo. El Miércoles Santo, miles de fieles acuden a rendirle honores, muchos vestidos de morado, otros llevando promesas cumplidas en forma de flores, velas o exvotos. La basílica, de notable arquitectura, es un punto clave en los recorridos religiosos de la capital.
Turísticamente, el templo es parte del circuito histórico caraqueño, cercano a plazas, teatros y edificaciones emblemáticas. Visitarlo permite al viajero apreciar vitrales, retablos y obras religiosas, además de comprender cómo se vive la fe en una ciudad bulliciosa. En fechas especiales, la mezcla entre religiosidad popular y vida urbana ofrece escenas potentes para la fotografía y la crónica de viaje.
Santuario de José Gregorio Hernández

En el corazón andino de Isnotú, estado Trujillo, municipio Rafael Rangel, se encuentra el Santuario Niño Jesús del Beato José Gregorio Hernández, construido exactamente donde nació el «Médico de los Pobres» en 1864. Este espacio sacro, inaugurado en 1966 por iniciativa del obispo José León Rojas Chaparro, reemplazó la casa natal del beato y se erige como epicentro de peregrinación para venezolanos y extranjeros que acuden a pedir milagros, agradecer favores o conectar con la vida del siervo de Dios, cuya beatificación avanza en la Arquidiócesis de Caracas.

El santuario destaca por su ambiente de recogimiento en un pueblo colonial de calles empedradas y quebradas cercanas, con una imponente estatua de mármol del beato en su interior y una de bronce conocida como «José Gregorio El Negro» en la entrada turística. Junto a él opera el Museo Diocesano José Gregorio Hernández, reinaugurado en 2022, que alberga reliquias de segundo grado (objetos personales como recetas originales, cartas a sus hermanas, cama, piano y altar), piezas coloniales como una Virgen del Rosario, y documentos que narran su trayectoria de santidad, profesionalismo y caridad.