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Diana Patricia: «Mi entusiasmo por la vida viene del agradecimiento»

Diana Patricia La Macarena

Hay en Diana Patricia un dejo de arrebato interesante que brota cuando habla. Es directa. Su decir tiene la intensidad de su zapateo flamenco: «Me parece una tontería esconder la edad. Yo nací el 18 de junio de 1971. Tengo 55 años. Cada año de vida es un año de experiencia y las huellas del tiempo son lo único que no puedes esconder, así te hagas cirugías».

A la bailaora venezolana, conocida mundialmente como La Macarena, le sobra salero. Al desplazarse sus brazos se mueven como alas de mariposa monarca; y sus pies parecen pisar sobre almohadas de seda blanca. Tiene el donaire de las damas que se saben celebradas. Aunque lo niegue está consciente de eso. ¡Y cómo no estarlo!

Acaba de ser distinguida como doctora en Artes, un título universitario que la llena de satisfacción porque resume una carrera dedicada a la danza. Con el reconocimiento honorífico, La Macarena contesta la pregunta que por años algunas voces inoportunas le han hecho de manera peyorativa: «¿Y tú sigues con tu bailecito?».

—Hablando de baile, ¿cuál no se te da con tanta facilidad?

—No es que no se me da, solo que hay géneros que te gustan más que otros.

—Entonces, ¿cuáles géneros te gustan menos?

—Esta corriente moderna, hip hop, reguetón, urbano, no son de mis favoritos, si me tocase hacerlo los haría.

—¿Pero eso no te coloca en desventaja generacional?

—Puede ser. Tal vez el que esos bailes me gusten menos se deba a que vengo de una formación de bailarina de carrera. Mucha gente que baila hoy en día no tiene esa formación académica.

Este reconocimiento destaca su recorrido por los escenarios nacionales e internacionales

—¿Cuándo identificaste tu vocación por el flamenco?

—Yo creo que antes de decir mi vocación por el flamenco, es mi vocación por las artes. Yo entré a un salón de clase a los seis años. Mi madre, Amanda Herrera Betancourt viuda de Cubillán Fonseca, es una mujer de un carácter fuerte, muy extrovertida, nada temerosa; yo por el contrario era una niña tímida. Mi madre para ayudarme a trasformar mi personalidad me llevó a clases de ballet, donde se produjo mi encantamiento.

La danza no es valorada en nuestro país. La gente egresada de las carreras tradicionales me preguntaba peyorativamente, `¿tú sigues en eso del bailecito?´

—¿A qué te refieres con «encantamiento»?

—Te explico. Cuando iba a mis clases descubrí cómo podía mover mi cuerpo y en ese transcurrir del ballet clásico, que es mi formación base, vino luego al jazz y finalmente el flamenco al que llegué a los nueve años.

—Te voy siguiendo…

—Resulta que cuando salía de clases, al lado observaba a mujeres con faldas bailando flamenco. No sé si era mi deseo como toda niña de querer ser grande y quise pertenecer a ese grupo, así que le dije a mi mamá que quería estudiar flamenco. De ese modo empezó mi encantamiento por el maravilloso flamenco.

—¿Qué te resulta maravilloso del flamenco?

—Su emocionalidad. El flamenco tiene cosas maravillosas. No es un género de la danza que sea fácil, es complicado, toma años hacerlo bien. Pero el gran diferenciador es la carga de emoción que tiene el flamenco.

Su faceta como actriz 

Diana Patricia recuerda que su interpretación escénica tiene otras fuentes de inspiración, entre éstas el arte dramático.

«Me formé como actriz. Cuando me gradué de bachiller acudí al Centro Cultural Prisma, en Parque Caracas, donde había un instituto que impartía actuación por tres años. Me gradué en la segunda promoción. Ya no existe la institución. Luego fui alumna del primer actor Mariano Álvarez; después estudié con Carlos Giménez, del Rajatabla, y estuve con Javier Vidal con quien me adentré en el saber de la puesta escénica».

Creyendo estar lista para actuar en la tele, tocó puerta. Entró a Venevision. Allí hizo participaciones en el ciclo llamado Romance musical. Estuvo en un unitario llamado Amnesia, al lado del ídolo mexicano José José, quien promocionaba su tema del mismo nombre, y de la dueña de los dramáticos, Amanda Gutiérrez.

Su formación artística es polifacética, desde el ballet clásico, el jazz, el tap y la danza árabe

Más adelante intervino en la telenovela Pasionaria, donde personificó a la secretaria del taller mecánico donde trabajaba el protagonista, Fernando Carrillo.

Y curiosa como siempre ha sido emprendió marcha a RCTV donde ingresó a la escuela del canal.  La oportunidad vino con un personaje en la telenovela Luisa Fernanda, donde fue entrenada por el primer actor Manuel Salazar.

Recientemente se presentó en el Centro Cultural Chacao en la obra de teatro Todas estamos locas.

La Macarena, ícono mundial 

Para mediados de la década de 1990, el tema La Macarena, interpretado por el dúo español Los del Río,  se convirtió en un himno del mundo. La figura de Diana Patricia se elevó a celebridad.

«Yo no me puedo quejar cómo Dios ha mandado los hechos en mi vida. Me hubiese gustado que la fama me tocara con la madurez, la confianza y la mujer que soy hoy en día. Nunca me di cuenta de esa fama mundial, dejé pasar muchas cosas que ahora aprovecharía. Pero así sucedieron las cosas, no podemos echar para atrás la vida».

Antes de esa canción tan contagiosa, Diana Patricia era solo una bailaora conocida de los tablaos del mundo flamenco, del mundo de la tauromaquia, un círculo reducido de Caracas.

«Me conocía la gente que gustaba del flamenco, pero con La Macarena me conoció el chichero, el perrocalentero, el señor del carrito por puesto, el gran público que tanto agradezco. Me entrevistó el mundo entero. Hubo un antes y un después que aún me emociona».

Con Bill Clinton en La Casona 

El tema musical de la que ella es la representación humana alcanzó el puesto número 1 de la lista Billboard del año 1996. Estuvo durante 14 semanas consecutivas. Fue un fenómeno cultural pero también político.

En Estados Unidos, el candidato demócrata Bill Clinton lo usó ese año como banda sonora de su campaña y prometió que de ganar las elecciones llevaría a La Macarena de carne y hueso a La Casa Blanca.

Con esto, presumen los analistas, procuraba obtener el voto latino. Lo cierto es que se alzó como mandatario para un segundo período. 

La artista lleva casi 50 años bailando

No hizo falta que Diana Patricia tomara un avión rumbo a Washington. El presidente Clinton visitó Caracas en una invitación del doctor Rafael Caldera, quien entonces dirigía los destinos de Venezuela. El estadounidense pidió conocer a La Macarena.

«Esa noche en La Casona, con el doctor Caldera y Doña Alicia como anfitriones, en una cena para 100 personas, en su mayoría hombres, entró Bill Clinton y yo estaba recibiéndolo bailando La Macarena con algunas de mis alumnas. Es de esas experiencias inexplicables en la vida».

Clinton, protegido con una seguridad extrema, no podía ser abordado fuera de protocolo. Estaba en primera plana el escándalo sexual que involucraba al presidente con Mónica Lewinsky, becaria de la Casa Blanca. Pero en la bailaora ardía su deseo de estrecharle la mano.

Conocí a Bill Clinton en La Casona cuando acababa de pasar el escándalo sexual con Mónica Lewinsky, la becaria de la Casa Blanca

La madre de Diana Patricia le había aconsejado que si tenía oportunidad de saludar a la pareja presidencial de Estados Unidos estrechara primero la mano de Hilary Clinton, en señal de solidaridad como mujer, y que luego lo hiciera con Bill Clinton.

«Yo estaba tan emocionada que me sentía flotando en ese espacio. No me preguntes cómo ni por qué rompí el protocolo y bajé de la tarima e hice lo que me dijo mi mamá. Saludé a Hilary Clinton, quien estaba sonriente y me dijo que el vestido con distintos azules que yo llevaba estaba bello. Ya me habían dicho que el azul era su color favorito».

Nadie se opuso a la determinación de Diana Patricia. Así que continuó la salutación y esta vez se unió en un apretón de manos con Bill Clinton.

La Macarena describe a Clinton con una sonrisa generosa, una mirada pícara y rememora que en ese instante de euforia el mandatario le dijo con cercanía poco ceremoniosa: «Eres una belleza de mujer».

Diana Patricia es de todos y para todos 

«Mi experiencia en la radio es maravillosa, fascinante», dice en relación con su programa De todo para todos, que conduce de lunes a viernes entre 12 de mediodía y 2 de la tarde a través de Ranking 100.7 FM, emisora dirigida por la experimentada radiodifusora Francia Mata.

«La radio te enamora de una forma que no tienes ni idea. Primero por el poder de comunicación que tienes con la audiencia. Tú estás encerrado en una cabina y a veces se te olvida hasta dónde estás llegado. Es una gran responsabilidad».

Sus comienzos en la radio fueron en la emisora Mágica, al lado de la radiodifusora Amalia Heller y el director Enzo Casella. Allí fue diseñando su personalidad radial.

«Hay que prepararse para estar en la radio. Hoy para la nueva generación todo es una ligereza, prontitud e inmediatez. No se toman la tarea de investigar. Desempeñan sus profesiones sin coherencia», resiente.

De todo para todos es un espacio producido por Jacqueline, hija de Diana Patricia. «La radio te abre a un mundo de conocimiento solo si tomas este oficio con responsabilidad y compromiso. Yo desearía que la radio recobrara la fuerza que tuvo, porque ahora parece debilitada debido a las redes sociales y la cantidad de podcast».

Distinguida como  Doctora en Artes 

Diana Patricia lleva casi 50 años bailando. Una trayectoria que ha coronado en 2026 con un doble reconocimiento académico.

El primer diploma por su trayectoria artística llegó de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela.

Bailar puede hacerlo cualquiera pero transmitir y ser intérprete muy pocos lo logran. Fui la primera venezolana en llevar una historia completa de principio a fin en código de flamenco

El segundo es el título internacional como doctora honoris causa en Ciencias del Arte y la Danza otorgado por la Academia Euroamericana de Estudios Superiores del Reino de España.

«No me creía cuando la comunidad de la UCV me notificó la distinción. Yo pensé que era como un chiste y hasta llegué a dudarlo. Me pareció extraño, pero me cercioré y era verdad. Para recibirlo me acompañó mi madre y mi núcleo más íntimo».

«Me hubiese gustado que la fama me tocara con la madurez», afirma

Para aumentar las buenas noticias, al llegar al auditorio donde recibió el diploma fue informada que recibiría su nombramiento como doctora. «Yo no paraba de llorar. Por mi memoria pasó en segundos toda la vida que he recorrido».

Madre por decisión

Diana Patricia tiene dos hijos por decisión. La vida, dice, no le dio hijos biológicos. «Trabajaba muchísimo, más de 370 shows al año, y tenía miedo de retirarme del escenario», cuenta sin lamento visible.

«Todas las mujeres soñamos con ser mamá, pero a algunas no nos toca. Papá Dios lo decidió así, pero mi nana salió embarazada y sus hijos son mis hijos desde la barriga de ella. Yo alimenté los antojos de mi nana, yo la cuidé, yo la llevé a dar a luz, yo cambié los pañales de los bebés. Son hijos míos, hijos que me dio la vida», se emociona.

Describe que Jacqueline es su asistente y productora, la acompaña a dictar las clases de baile, es una pieza clave en su compañía de trabajo.

Mientras que César José es un joven graduado en Administración de la Universidad Monte Ávila, ahora residenciado en Chile.

«A los dos les cambié los pañales, los llevé al colegio, al karate, y a los dos los regañé, les prohibí salidas cuando no se portaban bien. Me siento una mujer plena y satisfecha. Y sí, soy entusiasta. Mi entusiasmo por la vida viene del agradecimiento de los regalos que todos los días recibo de Dios».

Créditos

Entrevistada: Diana Patricia La Macarena

Instagram: @LaMacarenaDelMundo

Periodista: Néstor Luis Llabanero

Instagram: @NestorLuisLlabanero

Fotos en VESTUARIO VERDE: Cortesía Diana Patricia

 

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