Casi tres décadas después de la muerte de Diana de Gales, su hermano Charles Spencer decidió regresar a los recuerdos familiares con El canto del cisne. Diana, mi hermana, publicado en España por Plaza & Janés el pasado 23 de septiembre de 2026. El volumen, de 368 páginas, recorre la infancia de los hermanos Spencer, el matrimonio Carlos III, el divorcio y los últimos días de la princesa.
Spencer presenta el libro como una carta de amor y homenaje. Su propósito, según explicó, es contar “la verdad sobre Diana desde la perspectiva de un hermano”, del mismo modo que intentó hacerlo durante el funeral de la princesa. También afirma estar cansado de que otras personas hayan construido versiones sobre la vida de la princesa de Gales a partir de falsedades repetidas con el paso del tiempo.

La historia comienza en Park House, en Sandringham, durante la infancia de los hermanos Spencer. Charles recuerda que, aunque ambos fueron generalmente felices, Diana pudo haber aprendido desde muy joven a ocultar su dolor: “Aunque sostengo que, de niños, fuimos generalmente muy felices, tal vez Diana ocultase sus verdaderos sentimientos todo el tiempo. Quizá lo hizo tan bien que nadie, excepto ella misma, notaba su dolor”.

Esa infancia, sin embargo, también estuvo marcada por el maltrato de dos cuidadoras. El autor sostiene que tanto él como su hermana sufrieron episodios que dejaron huella en la familia, aunque Diana habría sido especialmente hábil para esconder lo que sentía.

Un compromiso que Diana quiso romper
Según el relato de Spencer, Diana comenzó a dudar seriamente de su compromiso con Carlos después de advertir la distancia emocional del príncipe. El autor sitúa uno de los momentos decisivos en la fiesta por el vigesimoprimer cumpleaños de su hermano Andrés.
Diana, cuenta Spencer, habría acudido a su padre para pedirle que cancelara la boda porque Carlos no mostraba interés por ella. La frase que el libro atribuye a la princesa es contundente: “no podía seguir adelante con el matrimonio con un hombre que, claramente, no la quería”.

La petición, sin embargo, no fue aceptada. El compromiso continuó y, el 29 de julio de 1981, Diana y Carlos se casaron en la catedral de San Pablo, en Londres. Lo que para el mundo fue una boda de cuento de hadas, para la joven princesa habría estado atravesado por una sensación cada vez más profunda de aislamiento.
El comentario sobre su cuerpo
Uno de los episodios más duros del libro aparece en relación con la imagen corporal de Diana y su lucha contra la bulimia. Spencer asegura que, pocos días después del anuncio del compromiso, Carlos le apretó la cintura a Diana y le dijo: “Vaya, ¿no estás un poco gordita por aquí?”.

El comentario, de acuerdo con el relato de su hermano, resultó devastador para una mujer que ya padecía un trastorno alimentario. Spencer añade: “Más tarde me contaría que su cintura se redujo de 29 a 23½ pulgadas [de 76,6 a 59,69] entre su compromiso y su boda”.
La escena, tal como aparece narrada, muestra la dimensión íntima de una presión que muchas veces quedó oculta detrás de las fotografías oficiales. Diana no solo debía aprender a desenvolverse dentro de la monarquía: también parecía sentirse observada y juzgada por su propio marido.
“Mi marido está enamorado de su ayuda de cámara”
La separación de los príncipes de Gales llegó en 1992, una década después de la boda. Spencer afirma que Diana le comunicó su decisión antes de que se hiciera pública y que, durante aquella conversación, le reveló una sospecha sobre su marido. “Pero, Charles, mi marido está enamorado de su ayuda de cámara”, le habría dicho Diana en voz baja.
El propio Spencer reconoce que nunca preguntó quién era el empleado ni por qué su hermana creía que Carlos estaba enamorado de él. La frase aparece, por tanto, como una confidencia familiar y no como una prueba independiente de una relación. El autor la incorpora al libro para retratar el estado emocional de Diana y la intimidad de las conversaciones que ambos mantenían.

La revelación también permite entender la soledad con la que Diana habría vivido el deterioro de su matrimonio. En el relato de Spencer, la princesa no habla como una figura pública, sino como una mujer que intenta explicarle a su hermano por qué ya no puede continuar.
La relación de Diana con su suegro
Entre los secretos que Diana habría confiado a Charles Spencer aparece también la relación tirante entre Carlos y su padre, Felipe de Edimburgo. El libro describe una tensión familiar que, según el autor, formaba parte de la vida interna de la casa real.
El dato adquiere relevancia porque Diana no solo estaba enfrentada a las dificultades de su matrimonio. También debía moverse en una estructura familiar marcada por jerarquías, silencios y conflictos entre generaciones. Para Spencer, esos episodios ayudan a comprender el ambiente en el que su hermana intentó construir una vida propia.
La reacción de Carlos tras la muerte de Diana
Uno de los pasajes que más polémica ha generado se refiere a la noche del 31 de agosto de 1997, cuando Spencer llamó a Carlos después de enterarse de la muerte de su hermana.

El conde asegura que el entonces príncipe de Gales “parecía eufórico, como si le hubiera tocado la lotería”. Después añade: “Sospecho que la primera reacción del príncipe debió de ser pensar más bien en cómo este suceso le permitiría casarse con la mujer a la que amaba, en lugar de lamentar la pérdida de alguien a quien no amaba”.
Se trata de una interpretación personal de Spencer sobre el estado de ánimo y los pensamientos de Carlos, no de una conversación en la que el príncipe hubiera expresado esas palabras. La acusación, precisamente por su dureza, se ha convertido en uno de los fragmentos más comentados del libro.
El supuesto romance entre John Spencer e Isabel II
El libro también se interna en una historia familiar que habría permanecido en secreto durante décadas. Spencer sostiene que su padre, John Spencer, quien trabajaba como oficial de la corte, tuvo una “relación romántica” con la entonces joven reina Isabel II.
Según la versión recogida por el conde, lord Mountbatten intervino para detener aquella cercanía y convocó a John Spencer para advertirle: “cualquier aspiración por su parte de ganarse el afecto de la reina era inadmisible”.
La historia aparece como un secreto familiar contado por Spencer, no como un episodio confirmado públicamente por la Casa Real ni por documentación histórica independiente. La monarquía británica tampoco se había pronunciado sobre el contenido del libro en el momento de su lanzamiento.

El pasaje resulta llamativo porque conecta a la familia Spencer con la intimidad de la Corona mucho antes del matrimonio de Diana y Carlos. En la memoria de Charles, la historia familiar parece estar atravesada por una cercanía constante con el poder, pero también por los límites que ese poder imponía.
Diana, una hermana antes que un personaje público
Aunque los adelantos se han concentrado en las acusaciones contra Carlos III y en los secretos de la familia real, El canto del cisne no parece plantearse únicamente como un libro de revelaciones. El propio enfoque de Spencer alterna la infancia, la adolescencia, la vida matrimonial, el divorcio y la muerte de Diana.

Su intención declarada es recuperar a la mujer que existía detrás de la princesa. Por eso, los episodios más polémicos funcionan dentro del libro como recuerdos de una relación entre hermanos: conversaciones en voz baja, confidencias, heridas antiguas y escenas que, según Spencer, explican cómo Diana llegó a sentirse aislada y atrapada.
El resultado es un retrato inevitablemente subjetivo. Charles Spencer escribe desde la memoria de un hermano que perdió a Diana y que, casi treinta años después, intenta responder a una pregunta que todavía permanece abierta: cuánto de aquella mujer luminosa que veía el mundo pertenecía a la princesa que todos conocían y cuánto correspondía a la hermana que solo él creía conocer de verdad.