Retomar la escuela después del receso requiere de la adopción de buenos hábitos, ya que los niños deben readaptarse a los horarios. Prepararlos con anticipación ayuda a reducir la ansiedad y facilita la transición para afrontar los cambios del nuevo año escolar.
Conversar sobre sus expectativas, organizar las actividades familiares y revisar sus necesidades de salud permite comenzar el período académico con mayor seguridad y tranquilidad.
Verificar las condiciones del plantel
Antes de enviar al niño a clases, los padres deben confirmar el horario, la sede, las rutas de transporte y los canales de comunicación de la institución. También conviene conocer quiénes serán sus docentes, cómo funcionará la jornada y qué medidas existen ante una emergencia.
En Venezuela, este aspecto requiere especial atención debido a los daños ocasionados por los sismos de junio de 2026. Algunas escuelas fueron evaluadas, reparadas o sustituidas temporalmente, mientras miles de estudiantes fueron reubicados. Por ello, las familias deben confirmar que el plantel sea habitable, conocer el lugar exacto de las clases y preguntar por los protocolos de seguridad.
Prevenir enfermedades comunes
En las aulas pueden propagarse infecciones respiratorias, gripe, resfriados, gastroenteritis, conjuntivitis y enfermedades transmitidas por contacto. La prevención comienza con el lavado de manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos, especialmente antes de comer, después de ir al baño y luego de toser, estornudar o sonarse la nariz.
Lea también: Intoxicaciones alimentarias: Errores comunes que debes evitar
También es importante enseñar a cubrirse la boca y la nariz con el antebrazo o un pañuelo, no compartir vasos ni cubiertos y mantener los espacios ventilados. Los padres deben revisar el esquema de vacunación con el profesional de salud correspondiente y evitar enviar al niño al colegio si presenta fiebre, vómitos, diarrea o síntomas que le impidan participar normalmente en la jornada.
Preparar una merienda equilibrada
La merienda debe aportar energía sin convertirse en una fuente excesiva de azúcar, sal o productos ultraprocesados. Una opción práctica puede combinar fruta, un alimento con proteínas o lácteos y agua potable; por ejemplo, una arepa pequeña con queso, una mandarina y agua.
La Organización Mundial de la Salud recomienda promover alimentos variados y limitar aquellos con alto contenido de azúcares, grasas poco saludables y sal. Conviene considerar las alergias, las preferencias y las condiciones médicas del niño, además de utilizar recipientes limpios y conservar adecuadamente los alimentos.
Recuperar los hábitos de descanso
Durante las vacaciones es común que los niños se acuesten y despierten más tarde. Para facilitar la adaptación, los padres pueden adelantar gradualmente la hora de dormir, establecer una rutina nocturna tranquila y preparar con anticipación la ropa y la mochila del día siguiente.

Como referencia, los niños de 6 a 12 años necesitan entre 9 y 12 horas de sueño, mientras que los adolescentes de 13 a 18 años requieren entre 8 y 10 horas. Dormir lo suficiente favorece la concentración, el aprendizaje y el estado de ánimo.
Revisar los materiales escolares
Comprueba la lista solicitada por la institución y revisa qué materiales del año anterior todavía pueden utilizarse. Lápices, colores, reglas, carpetas, mochilas y uniformes en buen estado pueden limpiarse, repararse o reutilizarse.
Lea también: Más allá del agua: secretos para una hidratación total
Organizar los útiles con el niño también ayuda a que reconozca sus pertenencias y asuma pequeñas responsabilidades. Si falta algún artículo, prioriza lo indispensable y evita comprar productos que no hayan sido solicitados.
Hablar sobre sus emociones
Una conversación sencilla puede ayudar a identificar miedos relacionados con los compañeros, los profesores, el cambio de escuela, el transporte o las consecuencias de los sismos. Escucha sin minimizar sus preocupaciones y permite que exprese lo que siente.

También puedes destacar los aspectos positivos del regreso: reencontrarse con amigos, aprender temas nuevos o participar en actividades. Si la ansiedad persiste, afecta el sueño o provoca cambios importantes en su conducta, es recomendable conversar con el docente y buscar orientación profesional.
Acompañar el regreso a casa
-
Al finalizar la jornada, pregunta cómo se sintió, qué aprendió y si ocurrió algo que le preocupara. Evita convertir el primer encuentro en un interrogatorio; una actitud cercana facilita que el niño comparta sus experiencias.
-
Los padres deben observar señales como cansancio extremo, tristeza, irritabilidad, dolores frecuentes o rechazo constante a asistir. Mantener horarios previsibles, ofrecer tiempo para descansar y equilibrar las tareas con el juego ayudará a que la adaptación sea progresiva y saludable.
-
Evita comparar las calificaciones entre los niños, ya que cada uno aprende a su propio ritmo y desarrolla sus capacidades de manera diferente.
-
También es importante apoyarlos en el desarrollo de las tareas, lo cual les enseña a trabajar en equipo.
-
Reconoce también los logros y las buenas acciones que el niño realiza en la escuela, en lugar de concentrarte únicamente en sus errores o conductas inadecuadas.
-
No lo presiones para que desarrolle rápidamente sus habilidades o descubra sus talentos. Ofrécele apoyo y tiempo para avanzar de acuerdo con sus intereses y posibilidades.