Mirar el teléfono a cada minuto para saber qué pasa en La Guaira o esperar la próxima alerta se ha convertido en un hábito difícil de frenar. Es comprensible querer estar al día, pero vivir pegados a las pantallas le pasa una factura enorme a nuestra tranquilidad. En momentos de incertidumbre, proteger la salud mental en crisis no se trata de ignorar la realidad, sino de aprender a informarnos con madurez y sin perder la paz.
Cuando nos exponemos a un flujo interminable de imágenes y reportes trágicos, nuestro cerebro se queda atrapado en un estado de alerta continua. Esto nos agota, nos resta energía y aumenta la ansiedad diaria.
Estar al día no significa vivir en hipervigilancia
Es perfectamente comprensible sentir el impulso de revisar el teléfono a cada instante. Sin embargo, el problema surge cuando la búsqueda de información deja de ser útil y se convierte en una fuente de angustia.
El consumo compulsivo de noticias trágicas (doomscrolling) mantiene el cuerpo lleno de adrenalina. Reconocer el momento exacto en el que estar informados deja de darnos seguridad y empieza a causarnos daño es el primer paso para recuperar el control.

Estar bien para sostener a los demás
1. Elige fuentes confiables y ponle hora a las noticias: El mayor generador de pánico en medio de una emergencia no son los hechos en sí, sino los rumores y la desinformación que circulan en redes. Poner filtros a lo que dejas entrar a tu mente te dará un alivio inmediato.
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Aplica estas sencillas pautas:
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Selecciona medios serios: Apoyate solo en dos o tres plataformas periodísticas verificadas y voceros oficiales.
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Establece bloques de lectura: Revisa las novedades en dos o tres momentos específicos del día, en lugar de mirar la pantalla cada diez minutos.
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Cierra el día en calma: Procura no leer noticias alarmantes justo antes de dormir para permitir que tu cuerpo descanse de verdad.
2. Ponle un freno a las cadenas de pánico: En situaciones delicadas, los audios sin verificar y los mensajes alarmistas se viralizan con mucha rapidez. Esto solo logra alimentar la angustia colectiva.
Toma la iniciativa en tus espacios digitales:
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Silencia grupos ruidosos: Desactiva las notificaciones de chats donde se comparta contenido explícito o no verificado.
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Verifica antes de compartir: Si te llega una información, tómate un segundo para confirmar su veracidad antes de reenviarla a tus contactos.
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Abre espacios de pausa: Si en tu entorno solo se habla de la contingencia, propone amablemente cambiar de tema por un momento.

Hacer actividades manuales o conversar con la familia permite a la mente desconectarse del estrés
3. Desconéctate para reconectar con tu presente: Tu mente necesita pausas para digerir lo que ocurre y recargar fuerzas. Tomarte un respiro de la actualidad no te hace indiferente; te permite estar más presente y con mejor ánimo para apoyar a tu familia.
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Busca pequeños momentos de desconexión consciente:
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Actividades manuales: Enfoca tu atención en tareas sencillas como cocinar, acomodar un espacio o realizar algún oficio dentro de casa.
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Conversaciones ligeras: Dedica tiempo a hablar con las personas que te rodean sobre temas ajenos a la contingencia.
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Pusas al aire libre: Asómate a la ventana, camina un poco o atiende tus plantas para conectar con el momento presente.
Cuidar tu mente es una prioridad
Superar las secuelas de un evento difícil requiere atender nuestra salud emocional con la misma importancia que la salud física. No podemos ser de ayuda para nuestra comunidad si permitimos que el agotamiento y el estrés nos rebase.
Aprender a proteger la salud mental en crisis es un acto de autocuidado fundamental. Regálate el permiso de pausar hoy y dale a tu mente el descanso que necesita para seguir adelante con fortaleza.