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Después del sismo: la reconstrucción también es emocional

Respetar los tiempos del dolor es el primer paso para sanar

Pasada la catrástrofe cada persona intenta comprender lo que vivió, adaptarse a una realidad que cambió de forma abrupta y encontrar una manera de seguir adelante. En ese proceso, es frecuente preguntarse por qué sentimos cosas tan distintas o por qué quienes nos rodean parecen estar reaccionando de una forma completamente diferente a la nuestra.

Durante estos días he recibido cientos de mensajes. Algunas personas me escriben diciendo: «Eso es exactamente lo que estoy sintiendo». Otras responden: «Yo no siento culpa; siento miedo». «A mí no me invade la tristeza; me consume la impotencia». «Lo que todavía no logro superar es volver a entrar a mi casa».

Todas estas respuestas son profundamente humanas. Aunque compartimos la misma tragedia, no todos hemos perdido lo mismo. Hay quienes lloran la muerte de un familiar o de un amigo; otros intentan reconstruir el hogar que levantaron con años de esfuerzo. Algunas personas enfrentan la incertidumbre de haber perdido su fuente de ingresos. Muchas perdieron sus hogares y otros regresaron a una casa que permanece en pie, pero ya no consiguen sentirla como un lugar completamente seguro; y otras viven este dolor desde la distancia, con la angustia de no poder abrazar a quienes aman ni ayudar tanto como quisieran.

Por eso resulta tan difícil comparar el dolor. Compartimos el mismo terremoto, pero cada historia, cada pérdida y cada responsabilidad hacen que la experiencia emocional tenga matices diferentes.

La compañía en el hogar es clave para superar esta etapa

También influye que no todos expresamos el sufrimiento de la misma manera. Hay quienes necesitan hablar una y otra vez de lo ocurrido, mientras que otros apenas encuentran palabras. Algunas personas sienten la necesidad de mantenerse ocupadas porque el hacer les devuelve una sensación de control; otras necesitan detenerse para procesar lo vivido. Hay quienes siguen cada actualización de las noticias y quienes necesitan tomar distancia porque las imágenes resultan emocionalmente insoportables.

Con facilidad empezamos a interpretar estas diferencias. Pensamos que quien no llora no está sufriendo lo suficiente; que quien volvió a trabajar demasiado pronto dejó es una persona fría y egoísta; que quien evita hablar del tema es indiferente, o que quien permanece pendiente de cada noticia está exagerando. La realidad suele ser mucho más compleja. Cada persona intenta adaptarse con las herramientas emocionales que tiene disponibles en este momento y con la historia que carga sobre sus hombros.

Comprender esto no significa que cualquier forma de afrontar el dolor sea igualmente saludable. Validar una emoción implica reconocer que tiene sentido dentro de lo vivido. La manera de manejarla, en cambio, puede acercarnos a la recuperación o prolongar el sufrimiento. El miedo, la rabia, la tristeza, la culpa o la impotencia merecen ser escuchados; nuestras conductas también necesitan guiarnos hacia el cuidado de nosotros mismos y de quienes nos rodean.

Diferentes duelos bajo un mismo techo

Esta realidad también transforma la dinámica de las familias. Muchos padres intentan transmitir tranquilidad mientras ellos mismos sienten miedo. Algunas parejas descubren que discuten con mayor facilidad porque ambos tienen el sistema nervioso sobrecargado, aunque reaccionen de formas completamente distintas. Hay hermanos que interpretan el silencio del otro como frialdad, cuando en realidad ambos están intentando protegerse. Incluso muchas personas mayores pueden revivir experiencias traumáticas que creían superadas.

Los niños: certezas imposibles vs. protección

En este escenario, los niños merecen una atención especial. Aunque muchos no comprendan completamente lo que ocurre, perciben el miedo de los adultos, los cambios en las rutinas y la tensión del ambiente. Necesitan explicaciones acordes con su edad, respuestas honestas cuando preguntan y adultos emocionalmente disponibles. No necesitan certezas imposibles; necesitan sentir que cuentan con personas que los protegerán y los acompañarán.

En estos momentos los abrazos reconstruyen cuando las palabras no alcanzan

El consumo de información como disparador de alerta

Otro aspecto crítico es el manejo de la información. Mantenernos informados nos ayuda a protegernos y a tomar decisiones. Al mismo tiempo, nuestro sistema nervioso necesita momentos de descanso. Permanecer durante horas consumiendo imágenes, videos y noticias mantiene al cerebro conectado de forma constante con la amenaza. Informarse es importante; elegir momentos para desconectarse también forma parte del cuidado emocional.

Con el paso de los días pueden aparecer emociones que al principio no estaban presentes. Algunas personas descubren la culpa por haber sobrevivido, por volver al trabajo, por reír, por no haber podido ayudar más o por estar lejos de Venezuela.  

También es importante recordar que no todos estamos en el mismo momento del proceso. Mientras algunos siguen intentando asimilar lo ocurrido, otros empiezan poco a poco a recuperar ciertas rutinas. Ninguna de estas etapas convierte a alguien en más fuerte, más débil o más comprometido con el dolor colectivo. Simplemente reflejan que cada proceso de adaptación avanza a un ritmo diferente.

Empatía colectiva: el verdadero pilar de la reconstrucción

Quizá uno de los mayores actos de empatía que podamos tener durante las próximas semanas sea recordar que, además de nuestro propio proceso emocional, convivimos con el de quienes amamos. Comprender que un hijo, una pareja, un padre, un compañero de trabajo o un vecino pueden necesitar algo distinto de lo que necesitamos nosotros puede ayudarnos a acompañar mejor, discutir menos y sostenernos con mayor humanidad.

La reconstrucción de un país no depende únicamente del concreto o los ladrillos. También se construye cuando aprendemos a comprender nuestras emociones, respetar el proceso de quienes tenemos al lado y recordar que sanar, como reconstruir, lleva tiempo.

Atenea Anca
Redes Sociales: Instagram: @clinipareja | Web: www.clinipareja.com
 

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