«Las canas están asociadas con envejecimiento, abandono y dejadez», describe la cantante de música venezolana, Annaé Torrealba, lo que considera una mirada prejuiciosa que las personas tienen sobre el pelo plateado.
«En mi caso no tiene nada que ver con eso. Yo voy a cumplir 51 años. No soy la joven promesa. Me acepto y me entiendo como una mujer madura. No tengo ningún complejo al respecto».
La intérprete —nieta de la gloria artística del país, Juan Vicente Torrealba— confiesa que se encuentra en un proceso personal que busca dignificar el paso del tiempo para envejecer lo mejor y más natural posible.
«Siento que hay una obsesión por complacer a los demás que produce infelicidad. Lo veo en muchas amigas de mi medio», lamenta la artista, quien acaba de presentar el tema Recuerdos de Juan Vicente, un promocional de un compilado de las piezas menos conocidas del autor de Solito con las estrellas y La potra zaina.
Llegó el día de `No más tintes´
«Yo tengo canas desde los 30 años. Mi mamá las tuvo desde muy jovencita. Yo solo la vi un par de años de su vida con el cabello teñido», cuenta parte de ese contexto de normalización que vio en su casa.
«Fui la hija de la señora de las canas. Era hasta gracioso porque resultaba muy fácil ubicar a mi mamá entre la multitud, veías siempre un punto hermosamente blanco».

Sin embargo, imbuida en el espectáculo, un mundo que elogia la apariencia convencional, un día Annaé Torrealba tiñó su cabello de negro. Fue exhortada por alguien que le aseguró su parecido con Astrid Carolina Herrera, entonces actriz protagonista de la telenovela Morena clara.
«Mi cabello originalmente es castaño claro», especifica. «Y aunque el color negro lo sentí como parte de mí, llegó un punto en el que, debido al crecimiento, se veían las raíces expuestas con mucha frecuencia».
Esto la llevó a una encrucijada en la que decidió si continuar o no con los retoques. «¿Qué pasaba? Yo salía de la peluquería con superpoderes, sintiéndome hermosa con mi pelo negro, pero a la semana, cuando aparecían las canas, entraba en un ciclo depresivo. Ya no eran días felices».
Llegó a cuestionar sus propias decisiones estéticas y a preguntarse frente al espejo qué debía hacer. Fueron semanas y meses buscando un punto de reconciliación consigo misma.
«La mayoría de los estilistas quiere quitarme las canas y otros las aceptan, pero pintándolas de morado, amarillo o gris oscuro. Yo lo que necesito es ser más natural»
Aun así, continuaba con los retoques para ocasiones especiales: asistir a una boda, una sesión de fotos o la grabación de un videoclip. El tinte era para fechas «especiales».
«Y yo me pregunté, acaso vivir no es una ocasión especial, todos los días no son una ocasión especial. Por qué tienes que estar esperando un festejo para sentirte bien contigo misma».
Creyó que sus reflexiones coincidían con voces de movimientos feministas que agitaban consignas como `Ámate y acéptate como tú eres´.

Pero le resultaba contradictorio que, mientras esas voces ajenas promovían lucir el orgullo de la mujer rizada, al mismo tiempo no encontraba el discurso del orgullo por la mujer con canas.
«Encontré incongruencia y fue lo que hizo mi punto de quiebre», recuerda el momento de autodeterminación.
«Si todos te dicen acéptate como tú eres y ámate como tú eres, por qué yo no podía dejarme mi pelo plateado. Dije `¡No más tintes!´. Las canas es lo que yo soy».
«Decidí entre ser calva o ser canosa»
«Mis canas llegaron incluso mucho antes de que yo tuviera mi primer disco y visibilidad como figura pública», aclara Annaé Torrealba.
«Pero nací en Venezuela, el país donde todas supuestamente somos misses y todas somos reinas. Aquí cualquier mujer usa pestañas falsas, uñas de sistema acrílico y cabello postizo. Yo fui parte de eso».
La intérprete de música llanera revela que su niñez y hasta la adolescencia de 15 años jugó con muñecas barbies y en su mente también imaginaba convertirse en Miss Venezuela. «Mi estándar era el de cabello largo, frondoso, cuidado. La mujer venezolana es muy acicalada y yo soy de ese tipo de mujer. Dejarme las canas no ha sido fácil. Fue un choque».
«Yo he tenido el pelo vino tinto, rubio, rojo y naranja. A veces extraño mi versión del cabello negro. Como todo ser humano, paso por momentos de conflicto con la apariencia personal»
Cuando en un arrojo de valentía decidió lucirlas, bastaron dos meses para declinar. En tiempos de pandemia de Covid 19 aguantó por más tiempo. Cerca de ocho meses con las canas expuestas.
Rompió la regla al retocarlas por un compromiso de grabar un videoclip. «Hasta que dije no. Entre otras cosas, porque estaba quedándome sin cabello. Estaba perdiendo calidad y cantidad por el abuso del retoque frecuente. Me proyecté en 20 años y me pregunté: ¿Prefieres ser calva o ser canosa? Decidí ser canosa».
A Annaé le inquietaba la imagen que observaba en señoras con poco cabello que acudían a los supermercados, damas con un pelo de poca cantidad y deteriorada calidad.

Le atribuía ese hecho al desgaste natural del cuerpo humano, pero más al abuso de tintes y de químicos. Negó seguir ese camino. ¿Y si el público protesta las canas?
«Nunca fue una mortificación el que las canas afectaran mi vida profesional. Mi preocupación eran mis hijos y mi esposo. Me preocupaba ser la mamá rara, que mis hijos no vieran que su mamá era bonita. El centro de mi universo son mis hijos. Mi esposo y mis hijos me han apoyado».

Annaé Torrealba pertenece a esas primeras venezolanas del espectáculo que, siendo aún joven, ha apostado por lucir el pelo natural color plata. Una cantante que no ha caído en la trampa, según la cual un artista se debe absolutamente al público.
«Cuando tú planteas que tú te dejas las canas por un tema de salud, la gente baja la guardia», sonríe. «Pero cuando dices que lo haces por decisión personal, resulta más difícil que lo acepten».
La artista advierte sobre el riesgo de someterse ciegamente a las pasiones de la audiencia, lo que, según su consideración, podría ocasionar que cualquier figura escénica pierda esencia y autenticidad.

«La gente quiere aferrarse a una eterna juventud que no existe y que es absurda. Eso ha llevado a muchas artistas, no solo en Venezuela sino en el mundo, a sacrificar la salud. Es algo con lo que yo no estoy dispuesta».
Su meta es hacer que no haya rivalidad entre la mujer y la artista que es. «En la medida en que he logrado conectar con la mujer sencilla, de padres de Charallave y de Calabozo, que se crió en El Paraíso y estudió en el liceo Caracas, he encontrado un puente más auténtico con el público».
«Las canas es una declaración de libertad»
«Las canas, en este momento, son una exposición de lo que soy como profesional. Soy una mujer madura», se define. «Las canas hablan de la seguridad que siento conmigo misma, de mi evolución, de mi crecimiento personal y de una fortaleza espiritual que aguanta cualquier crítica y comentario en las redes sociales».
Sin temor a ser juzgada, dirige un mensaje a aquellas mujeres que quieren asumir sus canas, pero que atraviesan dudas ante el escrutinio ajeno.

«Dejarse las canas es una declaración de libertad. Libertad de poder decidir sobre ti, sobre tu aspecto, sobre tu cuidado personal y sobre tu cuerpo. Es decisión personal. No depende ni de tu familia ni de tu trabajo ni del juicio de terceros».
Annaé Torrealba, de carácter llanero y verbo abundante, no esconde la sobre seguridad femenina que la desborda y que intenta transferir a sus iguales de género.

Annaé Torrealba @AnnaeTorrealba
Texto: Néstor Luis Llabanero @NestorLuisLlabanero
Fotografías: Anastasia Bortolussi @TasiaPhotos_Vz
Video: Jenifher Augello @ViralizaPink