Bogotá Fashion Week 2026 confirmó por qué se ha consolidado como una de las plataformas más importantes de la moda en Latinoamérica. Liderado por la Cámara de Comercio de Bogotá, el evento reunió diseñadores, marcas emergentes, compradores internacionales y medios especializados en una edición que apostó por el negocio, la creatividad y la proyección global del diseño colombiano.
Más que una agenda de desfiles, BFW funciona como una vitrina para mostrar hacia dónde va la moda hecha en Colombia: propuestas artesanales, sostenibles, urbanas y conceptuales que dialogan con las tendencias internacionales sin perder identidad propia. Este año, la edición dejó claro que la capital colombiana ya no solo recibe moda, sino que también la exporta con fuerza.
Entre las marcas que más llamaron la atención estuvieron Atelier Crump, Francesca Miranda, Tejidos Rebanca, Cemadier, Laura Aparicio, ZUT, Culdebal, Melissa Valdés, Curuba y Pitbullying, cada una con una mirada distinta sobre el vestir contemporáneo. Desde la sastrería moderna hasta el trabajo artesanal y las siluetas más experimentales, el calendario reflejó la diversidad creativa que hoy define a la industria local.
De la costa colombiana a la sastrería moderna: las 5 marcas que abrieron la gala de la moda
La noche de inauguración del primer fue un derroche de color y alegría. Sixxta presentó su colección «El Viaje», inspirada en la vibrante costa colombiana, con tonos que evocan el mar, el sol y la caldeada energía del Caribe.
Luego llegó Colectivo Puente, de la Cámara de Comercio de Bogotá, un proyecto con trasfondo social profundo. Su propuesta mezcla tonos que contrastan con estampados florales, rayas y diseños que llenan de vida cada prenda, demostrando que la moda puede ser motor de cambio y inclusión.
Ayre Official y Encantadore mostraron sus propuestas de trajes de baño y ropa resort, diseñadas para la mujer contemporánea que ama la moda pero la disfruta con comodidad. Estilo sin sacrificar bienestar, perfecta para escapadas playeras o días de relax urbano.
Disruptiva y de avanzada fue la pasarela de Oldmaquiina, que además de su estética innovadora, contó con su emblemático elemento teatral. Moda que se convierte en performance, arte que se viste.
Ver esta publicación en Instagram
Para cerrar con broche de oro, La Petite Mort Studio cautivó a los presentes en el piso 5 de Agora Bogotá con su sastrería fina reinterpretada con códigos modernos. El clásico traje de hombre transformado en pieza femenina, elegante y actual. Cinco marcas, cinco visiones, un solo objetivo: redefinir la moda colombiana.
Andrés Pajón reveló una colección pensada para acompañar a la mujer en cada momento del día, con un armario versátil que fluye entre la mañana, la tarde y la noche, abrazando todas sus facetas sin imponer límites. Moda funcional que se adapta a la vida real, sin sacrificar estilo.
Ver esta publicación en Instagram
Camilo Álvarez, con «Miércoles 10 A.M.», exploró la belleza de lo cotidiano a través de piezas que se adaptan al cuerpo, transitan entre géneros y evolucionan en una paleta que va del blanco al negro, pasando por tonos suaves y envolventes. El día común convertido en pieza de diseño.
Lyenzo presentó «De aves y estrellas», una propuesta íntima inspirada en la experiencia de la rosácea, donde el color y la textura reflejan un proceso de aceptación y reivindicación de la propia piel. Moda que celebra la vulnerabilidad y transforma lo personal en arte.
SAÁG, con «. punto aparte», planteó una pausa para la reinvención mediante siluetas deconstruidas, estructuras precisas y una estética depurada que concibe el vestir como un acto consciente. Menos es más, pero con intención.
TRUE, con «The true spirit», llevó a la pasarela una propuesta inspirada en la energía del fútbol, reinterpretando el block core con denim intervenido, jerseys renovados y una paleta vibrante que conecta actitud y estilo. La pasión del deporte transformada en moda urbana con deinen.
Ver esta publicación en Instagram
El venezolano Alejandro Crocker, reconocido por su trabajo alrededor del upcycling, regresó con «Transparencia», una propuesta que representa una nueva etapa en su carrera y un punto de inflexión para la moda latinoamericana. Presentada junto a GEF, la colección parte de prendas existentes intervenidas y reconstruidas mediante remanufactura, demostrando que es posible crear algo nuevo sin depender de materia prima virgen. Compuesta por cerca de 35 looks y una edición limitada de 1.500 piezas, tiene al denim como protagonista absoluto.
Atelier Crump llevó una colección tan conceptual como poética titulada «Todos los ríos nacen en el cielo». La marca plantea un universo donde la sastrería deja de ser solo forma y se convierte en símbolo de lo que se calla: el peso de la emoción suprimida, el duelo no expresado y los deseos escondidos tras la rigidez de la ropa formal. Cada traje carga una carga emocional, construida desde la tensión entre lo que se dice con el cuerpo y lo que se guarda en el interior. Moda que es terapia, arte que se viste.
Ver esta publicación en Instagram
Laura Aparicio, a través de Sabina FW26′, plasmó la dualidad de la mujer contemporánea, caminando entre la fuerza y la fragilidad, entre la estructura y la fluidez. La colección se construye sobre texturas definidas, siluetas marcadas y volúmenes que se abren o se contienen, traduciendo esa tensión interna en formas visibles. La paleta de tonos profundos —negros, granates, tierras intensos— refuerza la idea de identidad, poder y presencia, confirmando que la moda puede ser un acto de afirmación más que de ocultación.
CULdeBAL plantea que la perfección no es un objetivo, sino un mito que se cuestiona. Con «Vol 7/2026», la marca presenta una colección sin imposturas, inspirada en fotografías de personas y entornos reales, donde la solemnidad convencional se desvanece y queda solo lo auténtico. No hay modelos uniformes ni cuerpos idealizados; en su lugar, se celebra la imperfección, la diversidad y la espontaneidad del día a día. Moda que no esconde, que muestra.
Ver esta publicación en Instagram
La diseñadora colombiana Francesca Miranda, cerró con broche de oro esta edición con su colección «Halo PF26» como un momento de clímax creativo, donde la paleta de azules, verdes, crudos y grises, con acentos en rojo, se convirtió en una metáfora visual de luz en movimiento, irradiando calma, potencia y elegancia sobre la pasarela. Cada color tiene intención: los azules evocan profundidad, los verdes conexión con la naturaleza, los crudos pureza y los grises sofisticación, mientras el rojo rompe como signal de pasión.
Si algo dejó claro esta edición es que la moda colombiana está viviendo uno de sus momentos más sólidos. Con una asistencia récord y expectativas de negocio millonarias, Bogotá Fashion Week 2026 no solo mostró colecciones: reafirmó que el diseño colombiano ya compite de tú a tú con las grandes capitales de la moda.