El Castillo de Windsor fue el escenario de una cena de gala ofrecida por el rey Carlos III y la reina Camila en honor al sultán de Omán, Haitham bin Tarik Al Said, quien realiza una visita de Estado de tres días al Reino Unido. La velada reunió a 160 invitados en el St George’s Hall y marcó la primera visita de Estado de un sultán omaní al país desde 1982.
Entre los asistentes, la princesa de Gales volvió a acaparar las miradas con un vestido amarillo del diseñador libanés Elie Saab. La prenda destacó por su silueta fluida, detalles fruncidos en el cuerpo y mangas vaporosas que aportaban movimiento, en una apuesta de gala que evocó la elegancia de Bella en La Bella y la Bestia.

Kate Middleton completó su look con joyas históricas de la familia real. Sobre su cabello lució la tiara Cambridge Lover’s Knot, elaborada con diamantes talla brillante y perlas en forma de lágrima. La pieza fue encargada en 1913 por la reina María a la joyería Garrard y luego fue prestada a Diana de Gales, quien la convirtió en una de sus joyas más características.
Lea también: «El canto del cisne»: el íntimo retrato de Charles Spencer sobre Lady Di y los Windsor
El estilismo se complementó con unos pendientes de diamantes de Isabel II, de estilo chandelier e inspiración art déco, y con el brazalete de diamantes de la reina María, originalmente concebido como gargantilla en la década de 1920 y transformado en brazalete en 1975. La princesa también lució la banda y la estrella de la Real Orden Victoriana, junto con la insignia de la Orden Familiar del rey Carlos III.

La cena incluyó un menú de alto nivel: cigalas escocesas y cangrejo de Cornualles como entrada; faisán de Windsor cocinado en su jugo y col rellena como plato principal; y un baked Alaska individual con ciruela de Balmoral y helado elaborado con miel de la finca de Windsor como postre.
Lea también: Letizia apuesta por la elegancia sostenible en la cena con los Macron

Con un vestido luminoso y un joyero cargado de historia, Kate Middleton reafirmó su dominio de la elegancia institucional. Su apuesta combinó moda contemporánea, homenaje a Diana de Gales y el archivo de joyas de la Corona británica en una de sus apariciones más destacadas del año.