Con la llegada de la primavera y el progresivo aumento de las temperaturas, una de las quejas más frecuentes es la dificultad para conciliar y mantener el sueño.
El cuerpo humano necesita descender su temperatura central para entrar en las fases más profundas del descanso, y cuando el ambiente está demasiado cálido, ese proceso se ve comprometido.
La temperatura ideal para dormir se sitúa entre los 16 y los 19 grados Celsius según la mayoría de los estudios sobre higiene del sueño. Lograr eso en primavera no siempre es fácil, pero hay estrategias que ayudan.
¿Cómo dormir con altas temperaturas?
Ventilar la habitación durante las horas más frescas del día, cerrando ventanas y persianas antes de que el sol caliente la estancia, puede marcar una diferencia significativa.

La ducha fresca o tibia antes de dormir es uno de los trucos más efectivos y menos conocidos. Contrariamente a lo que se podría pensar, no hace falta una ducha helada: el agua ligeramente fresca activa el mecanismo natural de enfriamiento del cuerpo, facilitando la transición al sueño. Una ducha a unos 20-24 grados tomada 90 minutos antes de acostarse tiene efectos medibles sobre la calidad del descanso.
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Las telas también importan. El lino, el bambú y el algodón de hilo fino son los más recomendables para la ropa de cama en temporadas cálidas. Evitan la acumulación de calor corporal y favorecen la transpiración. Cambiar el edredón por una manta ligera o incluso una sábana de punto puede transformar completamente la experiencia del sueño.
Por último, los hábitos digitales juegan un papel que muchas veces se subestima. La luz azul de las pantallas, además de estimular el cerebro, puede elevar levemente la temperatura corporal. Prescindir del móvil y la pantalla al menos 45 minutos antes de dormir, combinado con una respiración profunda y consciente, prepara al cuerpo y la mente para un descanso más reparador.